Viaje astral: la experiencia que todos vivimos cada noche

En esta conversación con el Dr. Mario Sabán y Nacho Newman, Graña —autor de Memorias de un viajero astral y maestro de Cábala— desarrolla, desde más de veinte años de experiencia documentada, cómo entender este fenómeno desde la mística judía sin caer ni en el escepticismo materialista ni en la confusión espiritual.

¿Qué es realmente un viaje astral?

El viaje astral, o proyección lúcida de la conciencia, es la separación de la conciencia respecto al cuerpo físico, con un grado variable de claridad y control. Graña lo resume así: «Todos los seres humanos lo realizamos todas las noches. La única diferencia es que no somos conscientes».

Como explica el propio Graña: «Nuestra conciencia se proyecta más allá de nuestra envoltura física, de nuestro cuerpo físico, y se gana lucidez». Lo determinante no es salir del cuerpo, sino el grado de lucidez con el que se vive esa experiencia.

Desde la Cábala, Sabán conecta esta idea con una perspectiva monista: lo material y lo energético no son dos realidades separadas, sino una misma vivencia con sentido para la propia encarnación.

¿Qué diferencia hay entre un sueño, un sueño lúcido y el desdoblamiento?

Graña distingue tres niveles claros. Un sueño ordinario reorganiza el contenido del día sin que exista salida real del cuerpo. Un sueño lúcido, en cambio, mezcla el subconsciente con un grado parcial de desdoblamiento, calculado en torno a un 15-20% de lucidez.

El viaje astral propiamente dicho llega con un grado de conciencia mucho mayor, entre el 70 y el 80%, y suele ir precedido de señales físicas concretas: sonidos intracraneales, escalofríos o una sensación de taponamiento en los oídos.

Sabán advierte del riesgo de confundir estos niveles: cuando se mezclan contenidos del subconsciente con información real del desdoblamiento, muchas experiencias legítimas terminan descalificadas como simple represión freudiana, cuando en realidad responden a distintos grados de lucidez.

El plano astral como dimensión mental y emocional según la Cábala

Graña explica que la dimensión astral corresponde, en términos cabalísticos, al universo de Yetzirá, cuyo nivel del alma es el Rúaj, el cuerpo mental-emocional. Según sus palabras: «Allí están todas nuestras emociones, están mucho más acentuadas que incluso en el campo de la materia».

Esto explica un detalle práctico: una persona con una carga emocional muy intensa tendrá dificultades para sostener la experiencia fuera del cuerpo, ya que existe un mecanismo de defensa que la devuelve rápidamente a la materia.

Graña ilustra esta idea con un ejemplo personal: una interferencia en pleno desdoblamiento, provocada por un recuerdo reciente de la estación de tren de Sants, que desapareció en cuanto reconoció que se trataba de contenido mental y no de la auténtica dimensión astral.

Para entender en profundidad esta estructura del alma —Néfesh, Rúaj y Neshamá— y cómo cada nivel se corresponde con un grado distinto de conciencia, conviene revisar cómo se desarrolla esta misma base cabalística en el encuentro del alma y las almas gemelas, donde se explica con detalle esta tríada esencial de la Cábala.

Convivir con los desdoblamientos: experiencias compartidas

Uno de los momentos más vívidos de la conversación es el relato de Graña sobre haber ayudado a su pareja a desdoblarse conscientemente, viéndola elevarse hasta el techo de la habitación mientras conversaban.

Sabán conecta esta experiencia con el concepto de kli, el recipiente energético: el vehículo astral, o Rúaj, es un cuerpo sutil, indestructible y flexible que acompaña al alma vida tras vida.

Graña también aporta un dato revelador sobre convivencia doméstica: interrumpir un desdoblamiento en curso —ya sea por una pareja que se mueve o, en su caso, por un vecino taladrando a las ocho de la mañana— resulta profundamente frustrante para quien está experimentando la proyección.

Duelo, almas cercanas y fenómenos energéticos

La conversación aborda un fenómeno que suelen relatar muchas viudas y viudos: sentir que el alma del fallecido se posa en la cama, percibir su perfume o notar cómo se hunde la almohada.

Graña introduce el concepto de ectoplasma, una energía que todo ser humano emana y que, combinada con el alma de un familiar fallecido, puede producir fenómenos físicos menores como el movimiento de un picaporte o un cajón.

También explica el llamado fenómeno poltergeist, que en su origen alemán significa «espíritu burlón», y que suele asociarse a almas que aún no han atravesado lo que denomina la segunda muerte, permaneciendo en el nivel más bajo del universo de Yetzirá.

¿Qué es la cosmoética?

Uno de los conceptos más originales que aporta Graña es el de cosmoética, entendida como una ética que va más allá del plano físico. Según explica: «La cosmoética es más allá de la ética que tenemos aquí en el plano físico».

En la práctica, esto significa no invadir la intimidad de otras conciencias durante un desdoblamiento, pasar desapercibido en la sociedad extrafísica e incluso, según relata Graña, bajar deliberadamente la luminosidad del propio vehículo astral para no perturbar a otros seres.

Sabán conecta directamente esta idea con la Cábala: para lograr el tikún, la rectificación del alma, es necesario bajar a la densidad de la materia, ya que solo allí es posible refinar realmente la energía. Como afirma Sabán: «Necesitas bajar a la densidad para refinar en la densidad».

Quien quiera ver cómo Sabán desarrolla en un formato más breve esta relación entre densidad material y proceso de tikún puede encontrar valor en sus explicaciones sobre la cosmoética y el proceso de tikún, donde sintetiza en pocos minutos una idea que aquí se despliega con mayor detalle.

La experiencia más impactante: el encuentro con su abuela con Alzheimer

Entre todas las experiencias narradas, Graña destaca especialmente un episodio protagonizado por su propia abuela, que padecía Alzheimer. Durante un desdoblamiento, chocó con una silueta en el pasillo de casa que resultó ser ella, despierta y consciente de su presencia.

Su madre confirmó, sin saber lo que Graña estaba viviendo, haber visto a la abuela reaccionar exactamente en el mismo momento y lugar, mirando hacia arriba justo cuando él se elevaba para escapar.

Sabán ofrece una explicación cabalística precisa: el Alzheimer había debilitado el Rúaj, la mente que normalmente filtra la percepción, dejando a la Neshamá operar de forma directa con el Néfesh, lo cual permitió a la abuela percibir a su nieto proyectado fuera del cuerpo.

¿Podremos comunicarnos en el futuro con los desencarnados?

Graña se muestra convencido de que la comunicación fluida entre encarnados y desencarnados llegará a normalizarse en el futuro, «como el que se envía un WhatsApp», aunque reconoce que la ciencia materialista todavía se resiste a investigarlo en profundidad.

Sabán coincide en el diagnóstico: el materialismo racionalista insiste en verificar estos fenómenos únicamente con instrumentos densos, cuando la propia naturaleza de la energía que describen exige otro tipo de comprensión, mucho más sutil.

¿Cómo son los maguidim? Guías y jerarquías espirituales

Graña describe a los maguidim, o amparadores, como conciencias muy sutiles que jamás buscan protagonismo ni imponen su ego. Según explica, existen distintos niveles jerárquicos, desde guías más cercanos al plano material hasta orientadores evolutivos de gran elevación.

Un detalle clave: estos guías no pueden acercarse directamente a la materia densa a menos que la propia persona eleve su nivel de conciencia. Como resume Graña: «No es que no quieran conectar contigo, es que no llegan, no llegan a ti, no pueden llegar por frecuencia».

Sabán lo conecta con la estructura sefirótica de la Cábala: cada nivel de conciencia interior se corresponde con energías cósmicas de un nivel equivalente, generando lo que él mismo llama una resonancia energética entre los universos.

Cuando la experiencia asusta: normalizar el fenómeno sin patologizarlo

Uno de los aportes más valiosos de la conversación tiene que ver con los riesgos de patologizar estas vivencias. Graña relata el caso de una adolescente que, tras salir de su cuerpo sin comprender lo que le ocurría, dejó de comer y de asistir al instituto por miedo.

Con una simple conversación explicativa, la situación se normalizó por completo, algo que contrasta con los casos que terminan derivando en medicación psiquiátrica innecesaria. Como advierte Graña: «Qué desgracia que estos casos terminen en el psiquiatra».

Su mensaje final es claro y aplicable a cualquier persona que atraviese una experiencia similar: seguir con la vida cotidiana, acogiendo la experiencia con normalidad, sin sentir la obligación de convertirla en una misión extraordinaria.

Para quien quiera profundizar en los fundamentos del alma y la estructura cabalística que sostiene todo lo explicado en este artículo —Néfesh, Rúaj, Neshamá y los distintos universos— resulta muy recomendable el curso Cábala desde cero: Introducción a la mística hebrea, pensado especialmente para quienes se inician en esta sabiduría.

Conclusión: integrar el viaje astral sin perder la vida cotidiana

Esta conversación deja claro que el viaje astral no es un fenómeno reservado a unos pocos elegidos, sino una experiencia potencialmente universal cuya diferencia real está en el grado de lucidez alcanzado.

Comprenderlo desde la Cábala aporta algo que la ciencia materialista todavía no ofrece: un marco coherente donde la densidad, el tikún, la cosmoética y los niveles del alma explican por qué estas experiencias tienen sentido, y no deben vivirse con miedo ni confusión.

Si esta conversación ha despertado tu curiosidad por explorar de forma segura y guiada tu propia proyección lúcida de la conciencia, puedes profundizar en ello a través del curso Viajes Astrales y Cábala, impartido por el propio David Graña.

Y si quieres ampliar todo lo que hemos comentado aquí, puedes ver a continuación el vídeo completo en el que se basa este artículo, con la conversación íntegra entre Mario Sabán, Nacho Newman y David Graña.

 

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