¿Qué son realmente las señales del más allá? Según la Cábala, son informaciones que llegan desde el universo de Briá, el plano donde el alma se desplaza tras la muerte o durante ciertos estados de desmaterialización transitoria, como el sueño.
No siempre se interpretan de inmediato. Como explica el Dr. Mario Sabán: «Las señales del más allá no son siempre de inmediatez en la aplicación, son a veces información que tiene que ver con el sentido del alma de uno de muy largo plazo».
En esta conversación entre Sabán y Nacho Newman se aborda, con ejemplos personales y conceptos cabalísticos precisos, cómo reconocer estas señales, por qué a veces tardan años en cobrar sentido, y cómo entrenar la propia percepción para captarlas.
¿Qué es el más allá?
Desde la Cábala, el más allá se identifica con el universo de Briá, el universo de la creación. Es el plano al que el alma accede después de la muerte física, pero también, de forma parcial, durante el sueño o ciertas visualizaciones.
Sabán lo describe como un grado de desmaterialización, transitorio en el caso del sueño y permanente en el caso de la muerte. Esta idea es clave para entender por qué las señales del más allá no proceden únicamente de personas fallecidas, sino de un estado de conciencia distinto al nuestro.
¿Qué es un sincronismo del más acá?
El episodio arranca, de hecho, con lo que Sabán llama en tono cómplice «un sincronismo del más acá», ocurrido minutos antes de comenzar a grabar. Este pequeño detalle introduce el tema central: la vida cotidiana está atravesada de coincidencias que, según la Cábala, no son casuales.
Newman plantea la pregunta que estructura todo el encuentro: cómo hacer un análisis riguroso de estos eventos que se producen con frecuencia, aunque no siempre los percibamos con claridad.
La lata que giraba: una posible señal del padre de Newman
Newman comparte una anécdota personal. Tras el fallecimiento de su padre, en un momento de veraneo, una lata de cerveza vacía comenzó a moverse sola. Al preguntarle si era él, le pidió que la hiciera rotar, y la lata comenzó a girar.
A esta anécdota se suma otra, aún más llamativa: mientras su madre le preguntaba por una tía fallecida que adoraba cantar el Hava Nagila, esa misma canción empezó a sonar espontáneamente en un bar de Barcelona. Newman lo describe así: «Una sincronía bestial, tan bestial fue la sincronicidad que me puse a llorar».
Un tercer episodio, vinculado a la despedida de su padre, se repite con el tango Por una cabeza: sonó en el vídeo del velatorio y, dos días después, un pianista lo interpretó espontáneamente en un restaurante de la costa catalana.
¿Cómo distinguir una prueba real de una simple coincidencia?
Sabán es claro respecto al valor de estos episodios: «Yo creo que ahí está, a mi modo de ver, la prueba de que estas sincronías envían información, es decir, son envíos de información, pero objetivos experiencialmente».
Newton introduce entonces una reflexión propia, leída durante la conversación, que resume la propuesta central del episodio: todo lo percibido y lo no percibido tiene su origen en el infinito, y solo cambia la capacidad interpretativa de cada persona.
Sabán añade un matiz fundamental a esta idea: no solo recibimos señales, nosotros somos la señal. La revelación de la propia Neshamá es, en sí misma, una manifestación del universo a través de cada persona.
¿Por qué las señales del más allá no se interpretan de inmediato?
Uno de los aportes más prácticos de la conversación tiene que ver con la paciencia. Sabán explica que las señales que provienen del otro lado tienen una ventaja temporal: el alma que ya no está en el cuerpo percibe el tiempo de otra manera, y puede acceder a información que aquí todavía no tiene sentido.
Por eso, según Sabán, mucha gente se frustra al no encontrar aplicación inmediata a un mensaje recibido en sueños o visualizaciones. Su consejo es dejar reposar esa información: «Algo que el alma de mi madre me dijo hace 20 años puede servirme ahora a mí, ahora».
Esta distinción entre señales de corto plazo (las que provienen de otra persona viva) y señales de largo plazo (las que provienen del más allá) es, para Sabán, una de las claves más importantes para no vivir angustiado esperando una interpretación instantánea.
Cómo afinar la percepción para captar señales en la vida diaria
Newman menciona un patrón personal: el número 77 aparece de forma recurrente asociado a la memoria de su padre, ya sea en una dirección, en un grupo de WhatsApp que se abre espontáneamente, o en cualquier otro contexto inesperado.
Sabán conecta este fenómeno con el orden implicado de David Bohm, equivalente en términos cabalísticos a la Reshimó o la Shejiná: una energía de interconexión que explica, por ejemplo, por qué alguien escribe justo cuando estamos pensando en esa persona.
Este mismo entramado de información explica también, según Sabán, por qué es importante cuidar los pensamientos hacia los demás, ya que la envidia o el rencor también viajan por esa misma red invisible de conexión.
Para quien quiera ver cómo Sabán desarrolla en formato breve esta idea del entramado invisible que conecta pensamientos y sincronías, merece la pena revisar sus explicaciones sobre el orden implicado y la Reshimó, donde condensa en pocos minutos una idea que aquí se desarrolla con más calma.
El intelecto bloqueado: el caballo de Troya para abrir la mente
Newman pregunta si esta capacidad de percibir señales puede entrenarse. Sabán responde con una distinción importante: el entrenamiento solo tiene sentido cuando existe un don bloqueado, no cuando ya está desarrollado con naturalidad.
Según explica, quienes suelen tener mayor dificultad para abrirse a estas percepciones son, paradójicamente, los intelectuales. El bloqueo, en términos cabalísticos, corresponde a la Biná, el entendimiento racional, que se cierra por miedo a perder su identidad.
Sabán utiliza una imagen elocuente para describir el proceso de apertura: introducir «un caballo de Troya», es decir, lograr que la persona entienda intelectualmente el valor de la apertura antes de exigirle una transformación más profunda.
Esta reflexión conecta directamente con uno de los temores más comunes en cualquier proceso de crecimiento personal: la idea de que la identidad debe permanecer fija para no perderse, cuando en realidad, según Sabán, la identidad es dinámica por naturaleza.
El pensamiento circular y la herencia de Abulafia
Sabán retoma un concepto que atraviesa buena parte de su obra: el pensamiento circular, heredado de la tradición de Abraham Abulafia y su trabajo con la rotación de las letras.
Frente al pensamiento lineal, que entiende la realidad como una relación simple de causa y efecto, el pensamiento circular reconoce que una misma causa puede tener infinitas consecuencias, todas interconectadas entre sí.
Como resume Sabán: el pensamiento lineal tiende a ser extremista porque solo admite blanco o negro, mientras que el pensamiento circular reconoce que existen muchos colores conviviendo en un mismo plano de realidad.
Quien quiera profundizar en los fundamentos de este tipo de pensamiento cabalístico y en la estructura del alma que sostiene esta cosmovisión puede encontrar una base sólida en el curso Cábala desde cero: Introducción a la mística hebrea, pensado especialmente para quienes se acercan por primera vez a estos conceptos.
Sexualidad e intelecto: canalizar, no reprimir
Hacia el final de la conversación, Sabán introduce una crítica directa a ciertas corrientes espirituales que estigmatizan la mente en nombre de la experiencia pura. Según explica, muchas personas confunden ignorancia con experiencia genuina.
Su posición es clara: «Necesitamos el pensamiento, el pensamiento tiene que jugar a nuestro favor, así como la sexualidad tiene que jugar a nuestro favor». Ni la mente ni la sexualidad son negativas por sí mismas; lo que importa es cómo se canalizan.
Sabán menciona incluso el caso de alumnos que pasaron treinta años en un ashram y descubrieron, finalmente, el ego oculto detrás del propio gurú. Su conclusión es contundente: ese mismo aprendizaje puede lograrse en mucho menos tiempo si el pensamiento se integra como aliado, no como enemigo del proceso espiritual.
El sentido de la muerte detrás de las señales del más allá
Todo lo tratado en esta conversación conecta con una pregunta más amplia: qué ocurre con el alma tras la muerte y por qué mantiene la capacidad de comunicarse. Esta cuestión, explorada aquí a través de sincronías y anécdotas personales, se desarrolla con más profundidad en el sentido de la muerte desde una mirada de la Cábala hacia la vida eterna, donde se abordan conceptos como el Gilgul, el Ibur o la mediumnidad.
Comprender ese marco más amplio ayuda a situar las señales del más allá no como fenómenos aislados, sino como parte de un proceso continuo entre la vida, la muerte y la revelación del alma.
Conclusión: aprender a ser antena y señal al mismo tiempo
Esta conversación deja una idea central: las señales del más allá no son solo mensajes que recibimos desde otro plano, sino una capacidad que también nos define a nosotros mismos como emisores.
Aprender a interpretarlas exige paciencia, ya que muchas de estas informaciones están pensadas para el medio o el largo plazo, y exige también integrar el pensamiento como aliado, no como obstáculo, del propio proceso espiritual.
Como bien resume esta charla, el verdadero entrenamiento no consiste en perseguir la señal, sino en aprender a sostener, al mismo tiempo, la apertura del corazón y la claridad de la mente.
Si esta reflexión sobre las señales del más allá y las sincronías te ha resultado reveladora, te invitamos a seguir profundizando en estos conocimientos milenarios.
Y si quieres ampliar todo lo que hemos comentado aquí, puedes ver a continuación el vídeo completo en el que se basa este artículo, con la conversación íntegra entre Mario Sabán y Nacho Newman.