Rosh Jodesh: sincronizar el alma con el pulso del universo

El tiempo, para la Cábala, no es una línea que avanza sino un círculo que respira. En esta visión profunda del alma, el Rosh Jodesh —el comienzo del mes lunar— representa un instante de apertura, un umbral entre la oscuridad y la renovación, entre el pasado que se disuelve y el futuro que aún no ha nacido. En el reciente diálogo entre Mario Sabán y Eugenia Pinery, transmitido en la Escuela de Cábala, ambos maestros exploraron con profundidad el significado espiritual y psicológico de los ciclos lunares, revelando cómo estos influyen no sólo en la naturaleza, sino en la conciencia humana.

El retorno a los ritmos naturales

Mario Sabán inicia el encuentro con una observación luminosa: “Los meses hebreos tienen que ver con la luna y no con el sol”. Esta afirmación, aparentemente simple, encierra una de las claves del pensamiento cabalístico: el alma humana está llamada a sincronizarse con los ritmos del cosmos, no con los artificios de la modernidad. El Rosh Jodesh nos invita, entonces, a regresar a la respiración del universo.

Eugenia Pinery explica que cada mes hebreo está vinculado a un signo zodiacal, un planeta regente, una tribu de Israel y unas letras hebreas. Todo esto conforma una red de energía que vibra en el tiempo. “La intención del curso es que la gente pueda sincronizar nuevamente los estados naturales del tiempo”, dice Pinery. De esta manera, el aprendizaje no es meramente intelectual, sino una experiencia vivencial del alma.

Vivimos, como apunta Sabán, desconectados de los ciclos naturales. Las grandes urbes, iluminadas por luces artificiales, nos han hecho olvidar el ritmo del día y la noche. El hombre moderno perdió la conciencia del tiempo sagrado, y con ello, su capacidad de percibir los procesos de nacimiento, crecimiento, maduración y cierre que rigen tanto la naturaleza como la vida interior.

El tetragrama y las cuatro fases de la creación

Uno de los ejes más profundos del diálogo gira en torno al Tetragrama, el Nombre de Dios (YHVH) que, según la Cábala, codifica las cuatro fases del proceso creativo. Pinery lo explica con claridad: “El Tetragrama tiene un inicio, un momento de gestación, un momento de exteriorización y un momento de cierre”. Este modelo no solo describe la creación del universo, sino también los procesos psicológicos y espirituales del ser humano.

La luna, con sus cuatro fases —nueva, creciente, llena y menguante—, refleja este mismo patrón. Así, cada mes lunar se convierte en una lección viviente del Tetragrama. Al comprender estas etapas, podemos identificar en qué fase de nuestro propio proceso existencial nos encontramos. Sabán añade con perspicacia: “Hay muchas personas que gestan constantemente pero nunca cierran los procesos. Es como un embarazo eterno”. El Rosh Jodesh nos recuerda la necesidad de completar los ciclos, de permitir que la vida fluya según las leyes del cosmos.

La conciencia del tiempo: un mindfulness cabalístico

Pinery propone entender el Rosh Jodesh como una forma de mindfulness sagrado. No se trata de una técnica para calmar la mente, sino de una conciencia activa del tiempo presente como manifestación divina. Cada festividad, cada luna nueva, cada tránsito planetario son oportunidades para detenerse y reflexionar. “Las festividades son hitos en el año, momentos que nos hacen parar para tomar conciencia”, explica Eugenia.

En la tradición cabalística, las festividades no son recordatorios del pasado, sino portales de energía que se abren cíclicamente en el presente. Cada Rosh Jodesh es, por tanto, un microcosmos del tiempo eterno. Al sincronizarnos con su vibración, comenzamos a restaurar el equilibrio entre el alma y el universo.

La estructura del calendario hebreo: un mapa de conciencia

El curso que presentan Sabán y Pinery no sólo es teórico, sino profundamente práctico. Como señala Mario: “Rosh Jodesh se sitúa en una gran cuenta del Omer global. Es una reflexión sobre los movimientos energéticos que suceden en cada año”. En este sentido, cada mes se convierte en una meditación sobre la energía que rige el tiempo.

El calendario hebreo, basado en la luna, no es un sistema cronológico, sino un mapa de conciencia. Cada lunación corresponde a un aprendizaje. Así, Aries (Nisán) marca el comienzo del año espiritual, mientras que Libra (Tishrei), seis meses después, inaugura el ciclo civil. Esta correspondencia entre lo interno y lo externo revela una profunda enseñanza: el alma necesita dos comienzos, uno hacia adentro y otro hacia afuera. Como explica Pinery: “Del mes uno al mes seis hay crecimiento interno; del siete al doce, crecimiento externo”.

Sincronizarse con el alma del universo

Uno de los grandes aportes del diálogo es la comprensión práctica del tiempo. No se trata de una noción abstracta, sino de un conocimiento operativo. El alma puede aprender a reconocer cuándo iniciar, cuándo gestar, cuándo manifestar y cuándo cerrar. “Hay momentos propicios para cada cosa, igual que en la naturaleza un árbol florece sólo cuando es su tiempo”, recuerda Pinery. Esta sabiduría nos enseña a vivir con más fluidez, menos resistencia y mayor comprensión de los procesos internos.

Mario Sabán profundiza en el aspecto psicológico de esta enseñanza. Explica que muchos desequilibrios personales surgen porque no respetamos los ritmos naturales. Vivimos acelerados, intentando producir resultados fuera de su estación. Así, el alma se desajusta. El estudio del Rosh Jodesh nos devuelve el arte del ritmo, la armonía entre el deseo y el tiempo.

Las 48 fases del alma

Eugenia Pinery ofrece una visión fascinante del año lunar: “Cada mes tiene cuatro fases; doce meses nos dan cuarenta y ocho fases energéticas diferentes”. Cada una de estas fases representa un estado de conciencia, una tonalidad emocional y una posibilidad de acción. El trabajo cabalístico consiste en registrar cómo nos sentimos en cada fase, creando una agenda energética personal. Este autoconocimiento, dice Pinery, “permite que cada uno sepa cuándo está más fuerte, cuándo necesita descansar, cuándo es tiempo de introspección”.

Esta práctica tiene profundas implicaciones psicológicas. Nos permite alinear nuestras decisiones con el pulso del cosmos, reconocer cuándo la vida nos pide avanzar y cuándo nos pide detenernos. En lugar de resistir los cambios, aprendemos a fluir con ellos, comprendiendo que cada cierre es, en realidad, una nueva gestación.

El año comienza en la primavera del alma

Un punto crucial que ambos maestros subrayan es la diferencia entre el calendario astrológico y el calendario civil. Sabán aclara: “El año nuevo original era el inicio de Nisán, el mes de marzo. Luego los rabinos cambiaron el calendario, pero el ciclo cabalístico comienza con Aries, el signo del inicio”. Esta precisión es fundamental para entender el sentido del Rosh Jodesh como renacimiento espiritual. La primavera, tanto en la naturaleza como en la psique, simboliza el despertar de la energía vital.

El estudio de los meses lunares nos muestra que el alma vive su propio zodíaco, un viaje interior desde la semilla hasta la plenitud. Cada mes es una lección del alma sobre cómo manifestar la divinidad en la materia.

La Cábala y la astrología: una ciencia del alma

El diálogo entre Sabán y Pinery ilumina la estrecha relación entre Cábala y astrología. Ambas disciplinas, lejos de ser supersticiones, constituyen lenguajes simbólicos del alma. En palabras de Pinery: “Vamos a mirar las fases de Venus cuando veamos Tauro, las de Marte cuando veamos Aries”. Cada planeta refleja una fuerza arquetípica que opera tanto en el cosmos como en el inconsciente humano.

Desde esta perspectiva, el Rosh Jodesh no es sólo un evento astronómico, sino un momento de autoconocimiento profundo. Observar las lunaciones y su influencia en nosotros es una forma de leer el libro del alma, de comprender cómo el universo nos habla a través de sus ritmos.

El aprendizaje vivencial del curso Rosh Jodesh y el ciclo del tiempo

El curso que Eugenia Pinery impartirá en la Escuela de Mario Sabán no es simplemente un estudio académico. Es un camino de transformación. “Cada mes trabajaremos con el planeta regente, las letras hebreas, las festividades y el trabajo espiritual correspondiente”, explica. A través de este recorrido, los estudiantes aprenderán a organizarse energéticamente y a comprender sus propios procesos desde una mirada más amplia.

Para quienes deseen profundizar en esta enseñanza, pueden acceder al curso Rosh Jodesh y el ciclo del tiempo, una propuesta que une la sabiduría ancestral de la Cábala con la psicología transpersonal moderna, invitando a reconectar el alma con el cosmos.

Conclusión: volver al tiempo del alma

El diálogo entre Sabán y Pinery nos deja una enseñanza esencial: vivir en sincronía con los ciclos naturales es vivir en armonía con Dios. El Rosh Jodesh nos recuerda que cada mes trae una nueva oportunidad de renacimiento, un nuevo comienzo para el alma. La luna, con su silenciosa danza, nos enseña que todo lo que nace también mengua, y que en la oscuridad de la noche se gesta la luz del próximo amanecer.

Como bien resume Eugenia Pinery: “La naturaleza nos muestra cómo vivir. Somos nosotros los que hemos querido hacer las cosas en cualquier momento del año, y por eso nos desequilibramos”. Regresar al ritmo del universo es regresar a nosotros mismos.

El Rosh Jodesh no es sólo una fecha en el calendario: es una puerta de conciencia, un llamado a vivir con más presencia, más humildad y más sabiduría. En la medida en que aprendemos a honrar el tiempo sagrado, la vida misma se convierte en una plegaria.

¿Quieres aprender a sincronizar tu alma con el cosmos y comprender los misterios del tiempo desde la Cábala? Descubre el curso Rosh Jodesh y el ciclo del tiempo y comienza a recorrer, junto a Eugenia Pinery y Mario Sabán, el mapa espiritual del año lunar.

Amplia la información de este artículo viendo la presentación del curso en este vídeo.

 

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