Romper patrones: el camino del Tikún para la rectificación del alma

Hay preguntas que no se hacen una sola vez. Se hacen a los treinta años, a los cuarenta, después de una ruptura o de un logro que no satisface como esperabas. Preguntas como: ¿qué hago en este mundo? o ¿por qué sigo repitiendo lo mismo, aunque lo intente con todas mis fuerzas?

Estas preguntas no son síntoma de debilidad. Según la tradición cabalística, son la señal más honesta de que el alma está buscando su Tikún: su corrección, su rectificación, el sentido oculto que da dirección a toda una vida.

En una conversación reciente entre el Dr. Mario Sabán y el rabino y psicólogo Max Godet —en el marco de la Escuela de Psicología y Cábala—, ambos maestros exploraron con una profundidad poco habitual qué significa realmente el concepto de Tikún, por qué romper patrones sin comprenderlos puede ser un esfuerzo estéril, y de qué manera esta sabiduría milenaria sigue siendo, hoy más que nunca, una brújula para el alma.

El Tikún según el Ramjal: no es propósito, es deber con uno mismo

Max Godet abre la conversación apelando directamente a la definición que le da el Ramjal —el rabino Moshe Jaim Luzzatto, uno de los grandes cabalistas del siglo XVIII— al concepto de Tikún HaNéfesh. Y la definición sorprende por su precisión.

Como explica Godet citando al Ramjal: «la raíz de la espiritualidad es que una persona busque cuál es su deber, su obligación en su mundo, y en qué debe invertir su fuerza, su energía, en qué debe poner su mirada cada día de su vida.»

La distinción es crucial: no dice «en el mundo», dice «en su mundo». Cada persona tiene un mundo propio, un conjunto de misiones y correcciones pendientes que el alma trae de sus encarnaciones anteriores. Y ese mundo personal —ese Tikún específico— se manifiesta en la personalidad, el temperamento, el carácter, el campo energético o tselem, la manera de relacionarse y de ver la realidad.

Como señala Godet: «el Tikún se manifiesta en prácticamente todos los ámbitos y aspectos de la vida».

Responsabilidad, no imposición: la clave para no malinterpretar el Tikún

Mario Sabán plantea inmediatamente una matización que revela su profunda comprensión de la psicología contemporánea. Cuando el Ramjal habla de deber y obligación, muchas personas —especialmente quienes vienen de tradiciones religiosas más dogmáticas— tienden a escuchar una imposición externa.

«Yo lo veo mucho más cerca de la responsabilidad», dice Sabán. «El deber que describes es un deber con tu propia alma. No un deber impuesto desde el exterior».

Y añade algo que toca directamente la experiencia clínica y cotidiana: «hay mucha gente que se autoexige a unos niveles muy altos, y gente que en el otro extremo no se exige nada ni es responsable de nada.» Dos formas igualmente estériles de esquivar el Tikún: la autoexigencia neurótica y la falsa espiritualidad del fluir sin rumbo».

Godet responde con uno de los momentos más brillantes de la conversación. En hebreo, la palabra responsabilidad es Ajrayut. Y esas mismas letras, reordenadas, forman la palabra Jerut: libertad. Esta relación no es un juego de palabras; es una clave metafísica. La verdadera libertad y la verdadera responsabilidad son inseparables. Saber quién eres, entender tu Tikún, comprender los procesos —tanto personales como cosmogónicos— genera una libertad interior ante la que nada externo puede imponerse.

Pero Godet también recuerda la otra cara de esa moneda, apelando al Rey Salomón: «cuanta más sabiduría, más dolor». El conocimiento espiritual profundo no da comodidad; da dirección. Y la dirección exige responsabilidad.

Olam HaTohu y Olam HaTikún: del caos al orden consciente

El diálogo avanza hacia uno de los binomios más poderosos de la cosmología cabalística: el Olam HaTohu —el mundo del caos, el desorden, la confusión— y el Olam HaTikún —el mundo de la reparación.

Sabán reconoce con franqueza el momento histórico en que vivimos: «estamos realmente en el Tohu total, llegando a un nivel de desolación y caos impresionante.» No como una condena, sino como un diagnóstico. Y el diagnóstico, en la Cábala, siempre apunta hacia la corrección posible.

Godet profundiza: «cuando hablamos de reparación, estamos hablando de reparar lo que uno mismo dañó.» No hay un Dios externo que impone castigos o tareas. La corrección brota de la comprensión de que somos parte del daño y, por tanto, parte necesaria de la sanación.

Aquí Godet introduce la perspectiva del Adam Kadmon —el alma universal, el arquetipo primordial—: en la raíz del alma, shoresh neshamá, hay un solo ser. La aparente separación entre individuos es una ilusión de la conciencia limitada. Cuando reparo mi alma, reparo algo del tejido de toda la humanidad.

«Soy parte de la corrección de la humanidad y soy parte de la corrección de los daños que yo mismo causé», dice Godet. Y añade: «lo que genera placer a Dios es que tú te involucres en la corrección de tu alma. Es lo que tu alma quiere.»

Esta afirmación transforma radicalmente la relación con lo Divino: no hay que agradar a un Dios exterior con ritos o sacrificios. Hay que romper patrones desde adentro, alinear la vida con el Tikún del alma. Eso es lo que genera disfrute en el Creador —y en uno mismo.

Los cuatro Tikunim: un mapa para romper patrones desde el alma

Una de las aportaciones más prácticas y estructuradas de la conversación es la exposición de Godet sobre los cuatro tipos de Tikunim que recoge la tradición cabalística. Cada uno opera en un nivel distinto del ser, y todos son necesarios.

El primero es el Tikún HaNéfesh, la corrección del alma como entidad completa, que incluye toda la «valija» que trae consigo: cargas ancestrales, patrones heredados, compromisos espirituales de encarnaciones anteriores.

El segundo es el Tikún HaMidot, la corrección de las emociones, el carácter y el comportamiento. Es el trabajo sobre cómo reaccionamos, qué nos irrita, qué nos desestabiliza, dónde nuestra forma de relacionarnos daña o se daña.

El tercero, quizás el más sutil, es el Tikún HaDaat: la corrección del sistema cognitivo, de la conciencia, de la visión que tenemos sobre la realidad. Godet lo expresa con una frase memorable: «la espiritualidad no es que te conviertas en algo, sino que dejes de ser lo que no eres. Naciste espiritual, eres espíritu.» El trabajo no consiste en añadir, sino en remover las Klipot —las cáscaras, los bloqueos, las capas de condicionamiento que ocultan la luz que ya está ahí.

El cuarto es el Tikún Olam, la corrección del mundo. Pero Godet subraya con énfasis que el Ramjal es muy claro en el orden: antes de querer reparar el mundo, repara tu mundo. «Antes de querer eliminar el hambre en África, fíjate cómo puedes dejar de ser tan egoísta, enojón, tacaño o hedonista.» La transformación social auténtica empieza en el trabajo interior honesto, que se expande por capas hacia la comunidad y más allá.

El Tikún HaJushim y el alma que habla a través del cuerpo

El curso que Godet presenta en la Escuela de Psicología y Cábala añade una dimensión que pocas veces se aborda con esta precisión: el Tikún HaJushim, la corrección de los sentidos —visión, olfato, habla, oído— como vía de acceso al Tikún profundo.

El alma no solo habla a través de los pensamientos o las emociones. Habla a través del cuerpo, los sueños, las sensaciones físicas y los ciclos que se repiten en la vida. El estudio del flujo kármico —Ila VeAlul, causa y efecto, Mida Kneged Mida— permite comprender por qué ciertas actitudes generan ciclos de bloqueo que se perpetúan de encarnación en encarnación.

Como señala Godet: «cómo determinadas actitudes generan ciclos de bloqueos o predisposiciones de esta encarnación o pasadas.» La pregunta que él propone hacerse no es abstracta: ¿cómo identificar ese flujo que hace que tu vida sea como es y que ciertos aspectos no cambien?

Esa es precisamente la pregunta que define el camino para romper patrones: no desde la superficie del comportamiento, sino desde la comprensión del mapa espiritual que los origina. Trabajar este tipo de auto-observación sostenida (especialmente durante periodos de práctica contemplativa intensa, como el que propone la Cuenta del Ómer como práctica de mindfulness cabalístico) permite al practicante identificar, con una nitidez creciente, qué patrones provienen de sus Tikunim y cuáles son simplemente hábitos no examinados.

El Tikún del otro: cuándo intervenir y cuándo soltar

Uno de los momentos más reveladores y prácticos de la conversación surge cuando Sabán y Godet abordan el Tikún del otro: ese impulso tan humano —y tan frecuentemente mal orientado— de querer salvar, corregir o ayudar a quienes amamos.

Sabán lo formula con la claridad que da la experiencia: «el otro tiene su camino y no me puedo involucrar ahí. No soy el Mesías que va a hacer el Tikún del otro. Uno no puede hacer el Tikún del otro, aunque quiera.»

Y Godet añade una perspectiva que cambia completamente el marco: «comprender que permitir que el otro viva su proceso —lo que su alma firmó antes de encarnar— también es Jésed.» La bondad más profunda no siempre es intervenir. A veces, es respetar el proceso del alma del otro, aunque ese proceso duela de ver.

El criterio para discernir no es sencillo. Como reconoce Godet, «a veces nos metemos en el proceso del otro porque nosotros sufrimos al verlo pasar por esa situación, y para eliminar nuestra angustia intervenimos, cuando quizás el otro necesita pasar por eso.» La pregunta que guía esta distinción —¿me involucro o me abstengo?— es una de las que se abordarán con profundidad en el curso.

Tikún HaNéfesh: empezar desde abajo

Mario Sabán introduce una distinción que ilumina por qué el trabajo espiritual debe comenzar desde el nivel más concreto de la existencia. «No se habla de Tikún Neshamá, se habla de Tikún Néfesh«, señala, «porque tenemos que empezar desde abajo a hacer el Tikún desde nuestras acciones materiales.»

La Neshamá —el alma en su nivel más elevado— ya sabe lo que tiene que hacer. El desafío es que esa sabiduría descienda y se encarne en el Néfesh y el Rúaj, en las acciones cotidianas, en las decisiones de cada día, en la forma de tratar al otro y de tratarse a uno mismo.

Esta jerarquía no es menor. Explica por qué los grandes cambios espirituales no se producen solo en la meditación o en el estudio, sino en la vida ordinaria: en cómo gestionamos el dinero, el tiempo, la ira, el miedo o el deseo. Ahí es donde se juega, realmente, la corrección del alma.

El profeta Miqueas y la síntesis del Tikún

Godet cierra su exposición sobre los cuatro Tikunim con una cita del profeta Miqueas que concentra en tres acciones la esencia de toda corrección: buscar la justicia, amar la bondad —el Jésed, el dar, el considerar al otro—, y caminar con humildad, con recato, sin arrogancia.

«Si haces esto, cumples el 70% de tus Tikunim«, afirma Godet. No como una simplificación, sino como una invitación a dejar de buscar sistemas complicados cuando la raíz de la corrección es, en el fondo sencilla: sé justo, sé bondadoso, sé humilde. El Lej Lejá —»vete hacia ti»— como actitud permanente de auto-observación honesta y corrección sin orgullo.

Conclusión: el mapa existe, el camino es tuyo

La gran pregunta que llega a la Escuela de Psicología y Cábala —como reconoce Sabán— es siempre la misma: «¿Qué hago en este mundo?» Y la respuesta que ofrece la Cábala no es una fórmula ni un destino fijo: es un proceso vivo de corrección, capa a capa, nivel a nivel, encarnación a encarnación.

Romper patrones desde la sabiduría del Tikún no significa eliminar conductas con fuerza de voluntad. Significa comprender qué quiere decir el alma a través de esos patrones, asumir la responsabilidad de ese proceso, y caminar hacia la corrección con el mapa que la Cábala pone en nuestras manos.

Si sientes que hay ciclos en tu vida que se repiten sin cesar —en tus relaciones, en tu salud, en tu manera de reaccionar o de bloquearte— quizás sea el momento de dejar de modificar la superficie y empezar a escuchar lo que hay debajo.

El curso Tikún: La corrección del alma y el sentido oculto de la vida, impartido por Max Godet en la Escuela es exactamente ese espacio: cinco clases en las que aprenderás a identificar tus Tikunim, a comprender el flujo kármico que configura tu vida, a trabajar la corrección de los sentidos, el carácter y la conciencia, y a descubrir cuándo involucrar­te en el proceso del otro y cuándo soltar.

Como lo resume el propio Godet: «el solo hecho de hacerte consciente de esto ya genera un gran alivio.» La Cábala te ofrece el mapa. La corrección, como siempre, comienza contigo.

Te recomendamos, para complementar este artículo, ver a continuación el vídeo de presentación de la formación que hicieron hace unos días Mario Sabán y Max Godet.

 

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