Michel Pérez Rizzi

Soy Míchel Pérez Rizzi. Nací en Suiza, pero crecí en España. A los 13 años, mi padre me regaló el Tarot más esotérico de la época, el Tarot de Paul Marteau.

Empezó como un juego con mis hermanas: adivinar el futuro, hipnotizarlas. Pero algo ocurrió. Se abrió una puerta que no supe cerrar, y me asusté. Esa inquietud por los mundos invisibles me llevó a estudiar música en el
coservatorio, disciplina que me condujo a obtener la Cátedra de Guitarra Clásica del Conservatorio Superior de Córdoba. Años de conciertos y giras me llevaron a conocer Europa. Pero la inquietud no cesaba. Al mismo tiempo estudié Historia del Arte, y al comprender los entresijos de la estética, decidí adentrarme en los estudios académicos de filosofía. Inicié un doctorado —que dejé inacabado— sobre la idea de los instrumentos de cuerda en la cultura y el pensamiento europeo.

De forma repentina, mi investigación y mi vida cambió de rumbo al conocer en persona a Alejandro Jodorowsky. Con él estudié el Tarot con una intensidad casi arrebatada. Más tarde conocí a Philippe Camoin, con quien me formé en Marsella y Saint-Maximin, hasta convertirme en traductor de su obra. Más de quince años a su lado me permitió recibir una transmisión secreta de labio a oído… y un amor vivo por la figura de María Magdalena.
Junto a la artista, ya fallecida, Marina Parrilla, desarrollamos La Vivencia de los Arcanos: un método donde el símbolo no se interpreta, sino que te arrebata y te transforma el alma.

En 2021 conocí las enseñanzas del maestro Mario Sabán. Surgió entonces una intuición, un descubrimiento al que necesitaba forma. La maestría en Cábala, a través de mi estudio en la escuela, me ofreció el recipiente para ordenar y expresar la intuición.

De ese proceso nacen tres obras con gran acogida: Símbolos para el Alma, donde desarrollo un método de vivencia del Tarot de Marsella basado en la exégesis cabalística; Los 72 Nombres de Dios, donde propongo la visualización de los Nombres a través de las imágenes del Tarot; y El Árbol de la Vida de María Magdalena, donde expongo mi intuición central: que las letras hebreas, el Tarot de Marsella y los capítulos del Evangelio de Juan, forman un corpus simbólico que transmite una cábala secreta, posiblemente arraigada en los orígenes más remotos del cristianismo en la Provenza.

Hoy, me presento como investigador de lo simbólico y transmisor de un conocimiento vivo, dedicado a la enseñanza, la lectura del Tarot y la exploración de los lenguajes invisibles que atraviesan las imágenes a través de los siglos.


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