Perder el tiempo: la percepción del tiempo y el vacío desde la Cábala

Desde la mirada de la Cábala, el tiempo no es solo una sucesión de horas. Es, sobre todo, el modo en que el alma habita su propósito o, por el contrario, lo evita.

En “La percepción del tiempo y lo que el vacío viene a revelar”, Mario Sabán y Nacho Newman despliegan una reflexión radical sobre qué significa perder el tiempo y por qué esa expresión es, en realidad, un diagnóstico espiritual. No se trata de productividad ni de agendas llenas, sino de una pregunta esencial: ¿estoy haciendo lo que mi alma vino a hacer?

El episodio conecta la experiencia cotidiana de sentirse desbordados, el miedo al vacío y el sentido de vida desde categorías profundas de la Cábala como Biná, Jojmá y Neshamá.

Lo que parece un problema de organización es, en realidad, una crisis de propósito: cuando no sabemos quiénes somos, llenar el tiempo se convierte en la forma más sofisticada de huir de nosotros mismos.

¿Por qué sentimos que no tenemos tiempo?

Mario Sabán abre el diálogo con una tesis incómoda: quien dice que no tiene tiempo, en realidad ha construido esa falta de tiempo para no encontrarse con el vacío.

No es el mundo externo el que roba las horas, es la propia estructura interna la que satura cada hueco para evitar la experiencia de silencio.

Como bien afirma Sabán: “Cuando una persona se queja de que no tiene tiempo, esa falta de tiempo la provocó la propia persona, porque si quiere tiene tiempo, lo puede sacar de algún lado”.

La pregunta entonces no es solo por qué nos falta tiempo, sino por qué nos aterra tanto disponer de él. En este punto, el concepto de perder el tiempo se vuelve clave.

Si cada vez que se abre un espacio libre sentimos angustia, la tentación de llenarlo con tareas, pantallas o conversaciones vacías es enorme.
Así, la queja moderna “no tengo tiempo” oculta un conflicto más profundo: no sabemos qué hacer con el vacío que aparece cuando el ruido se detiene.

Ganar o perder el tiempo: la brújula es el deseo del alma

Nacho introduce la frase cotidiana “no voy a perder el tiempo”, y Mario la convierte en un mapa metafísico. “Cuando la gente pierde el tiempo o siente que pierde el tiempo, es que no está haciendo lo que su alma desea y cuando gana tiempo está haciendo lo que su alma desea”, afirma.

Aquí, perder el tiempo significa vivir desconectado del “sentido de su vida”, del para qué profundo por el que la Neshamá encarna en este mundo. Ganar tiempo, por el contrario, es intensificar la energía en aquellas actividades que expresan la vocación más íntima del alma.

Sabán distingue dos formas de perder el tiempo:

  • Perder el tiempo “en forma permanente”, cuando no conocemos el sentido de nuestra vida y “todo el tiempo estoy perdiendo el tiempo porque no lo puedo ganar de ninguna manera”.
  • Perder el tiempo “de manera transitoria”, cuando sabemos que luego lo ganaremos allí donde está la pasión de nuestra existencia.

Ese matiz es esencial: una persona que tiene claro su propósito puede tolerar ciertos momentos triviales sabiendo que forman parte de un camino mayor. Pero quien vive sin brújula espiritual convierte casi toda su existencia en una sensación estructural de estar desperdiciando la vida.

En la lógica de la Cábala, “quien conoce el sentido de su vida ya sabe qué actividades son superficiales, triviales o de interferencia” y cuáles están al servicio de su tikún. Perder el tiempo no es una impresión subjetiva; es el síntoma de una desalineación entre Biná (organización del tiempo) y la llamada de la Neshamá.

Cuando tu alma se quiere ir

Una de las escenas más reveladoras que describe Sabán es la de estar en una reunión social donde todos parecen estar disfrutando… menos tú. “Uy, qué ganas de irme de esta reunión. No me está aportando nada”, relata como sensación interna típica.

La reacción común sería culparse por falta de empatía. Sin embargo, Mario ofrece otra lectura: esa incomodidad no nace de la falta de empatía, sino de una desconexión total entre lo que allí sucede y el sentido de tu vida.

Cuando la conversación gira en torno a trivialidades o chismes —“una reunión de estar hablando de otro”— el alma siente que está literalmente perdiendo el tiempo. Entonces, “el alma se quiere ir”, y aparece el impulso de abandonar ese espacio o incluso de cambiar de grupo de amigos.

Mario lo sintetiza con claridad: “Hay mucha gente que dice: ‘Tengo que cambiar de grupo de gente que tenga mis intereses afines para sentirme que estoy aumentando el nivel de conciencia o que estoy ganando el tiempo y no perdiéndolo’”.

La sensación de perder el tiempo se convierte así en una brújula: indica que el entorno ya no acompaña el nivel de conciencia actual.

Desde la Cábala, esto implica aceptar que el crecimiento interior puede exigir rupturas: amistades que pertenecían a una etapa donde nuestro nivel de conciencia era bajo quizá ya no acompañan el nuevo estado del alma. No se trata de juzgar al otro, sino de escuchar la señal: cuando la Neshamá ya no cabe en ciertos lugares, insiste silenciosamente en irse.

La muerte como motor de intensidad y sentido de vida

El tiempo no tiene el mismo sabor si sentimos que es infinito. Para Sabán, “la muerte es el reaseguro de nuestra percepción del tiempo, del aumento de la intensidad”.

Si fuésemos inmortales, “todo quedaría para mañana”: la entrevista se haría “mañana”, el proyecto se postergaría indefinidamente, las decisiones se diluirían en la eternidad. La conciencia del límite, en cambio, genera urgencia espiritual: si el tiempo se termina, ya no podemos permitirnos perder el tiempo en lo irrelevante.

Mario llega a decir que la idea de la muerte es “muy buena” porque nos obliga a aprovechar el tiempo. Sin ella, se reduciría drásticamente la intensidad de la experiencia; con ella, cada elección se vuelve más significativa.

La Cábala enseña que el “aprendizaje se da aquí”, en el campo de la materia. Si después de la muerte la dinámica del aprendizaje ya no es como la de este mundo, entonces desperdiciar esta encarnación equivale a perder una oportunidad única a nivel del alma.

En este contexto, perder el tiempo deja de ser un lujo inocente. Se vuelve una forma de traicionar el propio tikún: cuando resignamos años en actividades sin sentido, no solo aburrimos la mente, estancamos el proceso de evolución espiritual.

El alma y la percepción del tiempo: todo sucede al mismo tiempo

Nacho introduce las teorías filosóficas del tiempo —la teoría A (dinámica) y la teoría B (estática)— y las vincula con la Cábala. Se pregunta si, desde una perspectiva metafísica, el tiempo no será una ilusión donde “pasado, presente y futuro existen de manera simultánea”.

En esa línea, sugiere que la Neshamá conecta con lo que fue, es y será al mismo tiempo, y que así “nos va diciendo qué es lo que nosotros vinimos a hacer”. Es decir, el alma tendría una percepción más amplia del tiempo que la conciencia ordinaria.

Mario recoge esta intuición y la enmarca en la Cábala: “Desde el punto de vista de la Cabalá, cada dimensión tiene una percepción diferente del tiempo. Y si nosotros tenemos 10 dimensiones, tenemos 10 percepciones diferentes de tiempo”. No hay un solo tiempo, sino múltiples modos de temporalidad según la sefirá desde la que se mire.

Sin embargo, Sabán se desplaza rápidamente desde la metafísica al terreno subjetivo: “Al final el hombre es lo que hace con su tiempo”. Aunque el tiempo pueda ser una ilusión en términos absolutos, la experiencia humana se juega en cómo organizamos nuestras horas y en qué las invertimos.

De ahí que la pregunta central no sea tanto “qué es el tiempo”, sino “¿qué hacemos con nuestro tiempo?”. La Cábala nos invita a que esa respuesta esté alineada con el deseo profundo de la Neshamá, no con el automatismo social ni con el miedo al vacío.

¿Qué hacemos con nuestro tiempo? La importancia de encontrar el propósito

En un momento clave, Mario afirma: “Si no encontramos el sentido de la vida, difícilmente vamos a saber qué es lo principal y qué es lo accesorio”. Sin este eje, la organización del tiempo se convierte en una lista caótica de tareas.

Desde la Cábala, Biná es la dimensión que organiza el “tiempo horario”, la administración concreta de la jornada. Pero Biná debe estar “al servicio del sentido de la vida”; de lo contrario, puede llenarnos de actividades que nos alejan de nuestra verdadera misión.

Por eso, Sabán insiste: “La primera cuestión que yo plantearía es, señores, a trabajar buscando cuál es el sentido de la vida”. Solo cuando sabemos para qué estamos aquí podemos distinguir qué tareas son interferencias y cuáles son expresión del propósito.

La organización cabalística del tiempo, entonces, no es una técnica de productividad, sino un alineamiento: ordenar la agenda para que se convierta en vehículo de la Neshamá. Cada vez que decimos “no me haga perder el tiempo”, en el fondo estamos defendiendo el espacio sagrado de ese propósito.

Multitareas sin dirección: cuando no sabes a dónde vas

Mario describe a la persona sin propósito como un “hombre orquesta” que hace de todo, pero no dirige la orquesta: “la orquesta lo lleva”. Hace mil cosas, pero ninguna está enfocada; es un “multitareas, pero que en el fondo no focaliza ninguna parte”.

Ese estado genera una ilusión de movimiento, pero sin verdadera transformación. Es un continuo “picoteo”: va por aquí, por allá, sin línea, sin foco. La persona se siente ocupada, pero interiormente experimenta que está perdiendo el tiempo.

La metáfora opuesta es muy potente: “Cuando tú tienes definido tu foco, eres como el rayo láser que rompe una pared y la agujerea… porque tienes concentrada toda tu energía en un punto”. La diferencia no está en la cantidad de tareas, sino en el nivel de concentración del alma. Para la Cábala, esta dispersión permanente no es solo un problema psicológico. Es el signo de una Biná desconectada de la Neshamá: organiza acciones, pero no sabe para quién trabaja.

En términos espirituales, perder el tiempo es dejar que la orquesta (las demandas externas, las redes, los otros) dirija nuestra vida. Ganar tiempo es recuperar el rol de director: elegir qué merece nuestra energía y qué no.

El vacío como espacio creativo: donde nace la sabiduría

El corazón del episodio aparece cuando Mario introduce la relación entre tiempo y vacío: “Cuando una persona se queja de que no tiene tiempo… si se deja tiempo disponible aparece el vacío”.

La mayoría teme profundamente ese vacío. Por eso, Biná, en lugar de dejar huecos en la agenda, “te va a llevar todo a la acción de la materia” y llenará cada espacio con actividades. El resultado: vivimos saturados, pero desconectados de la dimensión de Jojmá, la sabiduría intuitiva.

Sabán explica que Jojmá necesita “tiempo disponible” para la autorreflexión no racional, para la creatividad y la revelación. Si Biná lo tapa todo, esa luz no puede entrar. Entonces, sobrevivimos en la acción material, pero no crecemos en conciencia.

La paradoja es que el vacío que tanto tememos es, en realidad, el espacio donde debería aparecer Jojmá. Cuando dejamos un tiempo libre al servicio del “sentido puro de tu vida sin la acción de la materia”, ese aparente vacío se transforma en matriz de sabiduría.

Esta idea dialoga de forma directa con otros contenidos analizados anteriormente sobre el “vacío existencial”, donde se plantea que el vacío puede ser un portal al despertar cuando se lo habita conscientemente. Desde la Cábala, perder el tiempo no es estar en silencio, sino lo contrario: saturar la vida de ruido para no entrar en el silencio donde el alma podría hablarnos.

¿Vacío o plenitud? La paradoja del hacer sin conciencia

La tensión entre Biná y Jojmá se vuelve muy concreta cuando Mario describe su propia estrategia de gestión del tiempo. Cuenta cómo se reserva meses enteros para “entrevistas y cuestiones administrativas” (tiempo de Biná) y luego otros periodos para estudio, investigación y escritura (tiempo de Jojmá).

A nivel espiritual, explica que hay un ciclo de “llenado y vaciado del kli” (del recipiente).

  • Llenado: tiempo de estudio, reflexión, escritura, interioridad.
  • Vaciado: clases, entrevistas, sesiones, exposición hacia afuera.

“Si uno no se vacía, no puede seguir recibiendo”, afirma. Por eso, la actividad exterior, aunque parezca desgaste, cumple una función a favor de Jojmá: permite descargar la luz recibida para poder recibir más.

El problema surge cuando solo hay acción y ningún llenado. En ese caso, la persona “se está repitiendo, no está creciendo y no está cumpliendo con su potencial, solamente está como descargando energía”. Hay mucha actividad, pero interiormente siente que está perdiendo el tiempo en un hacer sin conciencia.

Esta dinámica conecta con varios artículos de la Escuela sobre la cultura de la productividad, el miedo y la ansiedad, donde se muestra cómo el exceso de acción sin propósito termina generando un profundo agotamiento espiritual. La Cábala propone otra lógica: tiempos diferenciados, saber cuándo hay “tiempo de llenar y tiempo de vaciar”, como diría el Eclesiastés.

Llenarte para vaciarte: el arte cabalístico del tiempo

Hacia el final, Mario condensa su experiencia en una imagen poderosa: “Me pasa tiempo de llenar y tiempo de vaciar… Cuando estoy en el tiempo de vaciamiento tengo mucha actividad exterior, pero cuando estoy en el tiempo de llenado tengo poca actividad exterior”.

Desde fuera, por los reels y contenidos que su equipo distribuye, parece que “siempre está en la red”, pero él aclara: “Probablemente esto que están escuchando salga dentro de dos meses mientras yo estoy estudiando”.
La imagen pública puede engañar: alguien que parece hiperactivo puede estar en realidad guardando largos periodos de silencio interior.

En clave de Cábala, esta estrategia responde a una comprensión fina de Biná y Jojmá:

  • Biná organiza el calendario, asigna meses a la gestión, a las entrevistas, a la vida administrativa.
  • Jojmá exige bloques de tiempo vacíos de tarea, pero llenos de estudio, contemplación y escritura.

El peligro, una vez más, es el miedo al vacío. Si Biná “le tiene miedo al tiempo vacío”, lo llenará todo de materia, y la persona quedará atrapada en la sensación de perder el tiempo en tareas que no alimentan su alma.

Para no caer en esa trampa, Mario propone una disciplina interior:

  • Darle a cada dimensión “de comer” en su momento (tiempos para la materia, tiempos para la sabiduría).
  • Poner Guevurá (freno) cuando la actividad exterior ha vaciado demasiado el kli.

Solo así el tiempo deja de ser un enemigo que se nos escapa y se convierte en un aliado del proceso espiritual.

Aprender a no perder el tiempo: del caos al propósito

Si resumimos la enseñanza del episodio desde la psicología transpersonal y la Cábala, se dibujan varias claves prácticas:

  • Perder el tiempo no es cuestión de agenda, sino de alma: se pierde el tiempo cuando no se vive desde el sentido profundo de la vida.
  • La sensación de no tener tiempo suele ser una defensa inconsciente contra el vacío, el espacio donde podría revelarse la verdad de quiénes somos.
  • Biná y Jojmá deben trabajar juntas: organizar la vida sin ahogar la creatividad y la revelación.
  • La muerte, lejos de ser solo tragedia, es motor de intensidad y sentido: sin límite, sería mucho más fácil perder el tiempo en lo trivial.

Este enfoque complementa de manera natural otros contenidos de la Escuela centrados en el propósito, la angustia existencial y el vacío interior. El hilo común es claro: la verdadera pérdida de tiempo no se mide en minutos, sino en años vividos lejos de la vocación del alma.

Si sientes que gran parte de tu vida se ha ido en cosas que no te representan, no se trata de culparte, sino de tomar conciencia. Como sugiere Sabán, el primer trabajo no es llenar más la agenda, sino preguntarte con honestidad: ¿cuál es el sentido de mi vida y cómo quiero usar mi tiempo al servicio de él?

Hacer del tiempo un lugar sagrado

Desde la Cábala, el tiempo es un santuario. Cada día, cada hora, es un espacio donde la Neshamá puede desplegar su tikún o perderse en distracciones que la fragmentan.

Perder el tiempo, en este marco, es perder contacto con la propia alma: perderse en reuniones donde el alma se quiere ir, en conversaciones triviales, en multitareas sin dirección, en una agenda tan llena que no deja entrar a la sabiduría.

Ganar tiempo es otra cosa: es orientar la vida hacia el propósito, permitirse el vacío creativo, reconciliar Biná y Jojmá para que cada bloque horario sea una expresión del sentido de la existencia.

Si sientes que ha llegado el momento de dejar de perder el tiempo y empezar a comprender el mismo como lo entiende la Cábala, el siguiente paso natural es profundizar en estas claves con una base sólida.

Formaciones como la masterclass Cómo organizo mi tiempo con Mario Sabán ofrecen un marco riguroso y accesible para entender la estructura espiritual que hay detrás de tu manera de vivir el tiempo.

No se trata solo de aprender teoría, sino de transformar tu relación con cada minuto de tu vida. Cuando comprendes quién eres y qué has venido a hacer, el tiempo deja de ser una carga y se convierte en el escenario sagrado donde tu alma puede, por fin, dejar de perderse y empezar a revelarse.

Te dejamos, a continuación, el vídeo completo de esta interesante conversación entre Mario Sabán y Nacho Newman sobre la percepción del tiempo.

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