En la tradición mística de la Cábala, los Ángeles no son simples figuras aladas o seres antropomórficos que intervienen en los asuntos humanos. Son manifestaciones energéticas de la divinidad, expresiones de las fuerzas que sustentan el universo. En este diálogo entre Mario Sabán y Nacho Newman, ambos exploradores del pensamiento cabalístico, se nos invita a comprender a los Ángeles desde una perspectiva espiritual, científica y metafísica.
A lo largo de esta conversación, los autores desmitifican las imágenes populares y nos revelan una comprensión más profunda: los Ángeles no son individuos con libre albedrío, sino canales del poder divino, fuerzas que actúan en perfecta armonía con el orden cósmico. Comprender su naturaleza, función y propósito nos permite percibir cómo la energía divina se manifiesta constantemente en nuestra realidad.
Qué son los Ángeles
La palabra hebrea para Ángel es malaj (מַלְאָךְ), que significa “mensajero” o “emisario”. Mario Sabán explica que no se trata de seres con alas ni de figuras personificadas, sino de campos de energía que actúan como intermediarios entre los distintos planos del universo.
“Cuando hablamos de Ángeles —dice Sabán— debemos olvidarnos de las figuras aladas. No estamos hablando de sujetos, sino de desplazamientos energéticos de la matriz divina.”
Esto implica que cada Ángel representa una función específica dentro del engranaje universal. Por ejemplo, Rafael (que viene de Refuá, “curación”) no es un ser que cura, sino la energía divina de la sanación manifestándose. Gabriel representa la fuerza del juicio y los límites, mientras que Mijael simboliza la protección y la justicia divina.
Desde esta óptica, los Ángeles son expresiones del poder divino en acción. No tienen individualidad ni voluntad propia; son fuerzas inteligentes que ejecutan la voluntad de Dios en el marco del orden cósmico.
Naturaleza de los ángeles
Los Ángeles habitan en distintos planos o “universos” de la creación según la estructura cabalística. Mario Sabán señala que el universo se compone de cuatro niveles principales:
- Atzilut (Emanación) – donde todo es pura divinidad.
- Briá (Creación) – el mundo de los Arcángeles, energías cósmicas superiores.
- Yetzirá (Formación) – el universo de los Ángeles, más cercanos al plano psíquico y emocional humano.
- Asiá (Acción) – el mundo material, donde estas energías se reflejan en la realidad física.
“El universo de Briá es el universo de los Arcángeles, las fuerzas mayores. El universo de Yetzirá, en cambio, es el de los Ángeles que interactúan con nuestra psique.” — Mario Sabán
Cada nivel refleja un aspecto de la divinidad actuando en una frecuencia diferente. Los 72 Nombres de Dios, derivados de versiculos de Éxodo, representan estas manifestaciones angélicas, cada una con una función energética específica que ayuda a mantener el equilibrio universal.
En palabras de Sabán, los Ángeles son “energías divinas reveladas”, expresiones concretas de la matriz infinita del Creador que se manifiestan a través del tiempo, el espacio y la conciencia.
Los Ángeles en la Cábala
Desde la perspectiva cabalística, los Ángeles son emanaciones del Ein Sof, el Infinito. Cada uno de ellos representa una vibración particular dentro de la armonía cósmica. Y los Arcángeles se asocian a las diez sefirot del Árbol de la Vida:
- Metatrón en Kéter, la corona divina.
- Raziel en Jojmá, la sabiduría.
- Zafkiel en Biná, el entendimiento.
- Tzadkiel en Jésed, la misericordia.
- Kamael en Guevurá, la fuerza.
- Rafael en Tiféret, la belleza y la sanación.
- Haniel en Nétzaj, la victoria.
- Mijael en Hod, la gloria.
- Gabriel en Yesod, el fundamento.
- Sandalfón en Maljut, la manifestación.
Cada uno de estos Arcángeles canaliza una frecuencia energética que sostiene la existencia. Comprender esta estructura nos permite reconocer cómo las fuerzas divinas operan constantemente en nuestro entorno y en nuestro interior.
“Los Ángeles y Arcángeles son energías divinas a nuestra disposición, que podemos invocar para restablecer el equilibrio en nuestras vidas.” — Mario Sabán
La Cábala enseña que cuando invocamos un Ángel, no estamos llamando a un ser externo, sino activando una energía dentro de nosotros mismos que corresponde a ese principio divino.
El papel del libre albedrío
Una de las distinciones más profundas entre los Ángeles y los seres humanos es el libre albedrío. Mario Sabán lo explica de forma clara y contundente:
“El ser humano tiene la ilusión del libre albedrío; el Ángel no la tiene. Rafael, por ejemplo, es ‘Dios curando’. Esa energía no puede dejar de curar, porque fue creada para eso.”
Mientras el ser humano puede desviarse, experimentar y equivocarse, los Ángeles no pueden dejar de ser lo que son. Su naturaleza está determinada por su función. Así como la electricidad no puede decidir “no ser eléctrica”, un Ángel no puede dejar de actuar conforme a su esencia.
Sin embargo, Sabán aclara que nuestro aparente libre albedrío existe para enseñarnos a elegir lo que realmente somos. Cuando nos desviamos de nuestro propósito, el error nos sirve para volver al camino correcto.
“Cada vez que elegimos lo que no somos, reafirmamos lo que somos.” — Mario Sabán
Los Ángeles, en este sentido, nos acompañan como guías energéticos, ayudándonos a recordar nuestra verdadera naturaleza y a restablecer la armonía interior.
Caminos desequilibrados y aprendizaje
La Cábala enseña que el universo está en constante movimiento de equilibrio y desequilibrio. Los Ángeles actúan como fuerzas reguladoras que restablecen ese balance cuando nos desviamos. Cuando invocamos su energía, estamos pidiendo que las frecuencias divinas se integren en nosotros para corregir las distorsiones.
Sabán utiliza una analogía simple pero poderosa:
“Cuando te falta potasio, comes una banana. No porque te guste, sino porque lo necesitas. Del mismo modo, cuando invocamos a un Ángel, estamos llamando una energía que necesitamos para nuestro equilibrio.”
Esta metáfora revela que la relación con los Ángeles no es de devoción idolátrica, sino de interacción energética. No los adoramos; los reconocemos como canales de la energía divina que nos ayudan a armonizar nuestro cuerpo, mente y alma.
Cada “no-camino” que tomamos —dice Sabán— también tiene su propósito. Los errores, los desequilibrios y los desvíos nos enseñan cuál es nuestro verdadero sendero espiritual.
“Los caminos que no nos corresponden nos enseñan, precisamente, cuáles son los caminos que debemos tomar.” — Mario Sabán
Así, la función de los Ángeles no es castigarnos ni vigilarnos, sino asistirnos en nuestro proceso de aprendizaje y evolución.
Ángeles y energía interior
La conexión con los Ángeles no ocurre fuera de nosotros, sino dentro de nuestra estructura energética. Según la Cábala, el alma humana posee diez dimensiones, correspondientes a las diez sefirot. Cuando una de ellas se desequilibra, necesitamos atraer la energía adecuada para restablecer la armonía.
“Cuando invocamos a un Ángel, no aparece un sujeto. Lo que hacemos es permitir que una energía divina entre en nosotros para ayudarnos a corregir nuestro desequilibrio.” — Mario Sabán
Esto explica por qué la práctica cabalística de meditar en los 72 Nombres de Dios o en los Ángeles regentes no es superstición, sino un acto consciente de alineación energética. Cada nombre es una frecuencia que puede despertar una cualidad divina en el alma.
La Cábala enseña que toda energía, ya sea en la materia o en el espíritu, busca el equilibrio. Así como el cuerpo necesita minerales, el alma necesita energías de luz para mantener su plenitud.
Conclusión
Comprender la naturaleza de los Ángeles desde la Cábala nos libera de los mitos que los representan como seres externos y nos invita a reconocerlos como expresiones vivas de la divinidad dentro de nosotros. Son energías conscientes, fuerzas que sostienen el equilibrio del universo y nos asisten en nuestro propio proceso de evolución espiritual.
“Los Ángeles son la expresión de Dios en acción, las manifestaciones energéticas de su voluntad en el universo.” — Mario Sabán
Cada vez que invocamos un Ángel, nos estamos recordando nuestra capacidad de conectar con el Infinito. En esa conexión, la luz divina fluye y nos transforma. Los Ángeles, entonces, no están fuera: son la resonancia de nuestra alma en sintonía con lo divino.
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¡Shalom, y que la luz de los Ángeles ilumine tu camino hacia el conocimiento y la armonía interior!
Si quieres ampliar la información de este artículo puedes hacerlo viendo el siguiente vídeo de Mario Sabán y Nacho Newman