Estudiar Cábala es adentrarse en los misterios de la creación y del alma. Dentro de este universo simbólico y espiritual, la sefirá de Jojmá representa la chispa inicial del conocimiento intuitivo, la fuente de toda sabiduría.
Este artículo explora cómo el desequilibrio en la luz de Jojmá puede llevar a la confusión espiritual, y cómo la verdadera sabiduría requiere tanto ascenso como regreso a la realidad material.
Qué es Jojmá en el Árbol de la Vida
Jojmá es una de las sefirot de la tríada superior en el Árbol de la Vida, junto a Kéter y Biná. Se la asocia con la sabiduría divina, con un tipo de conocimiento que surge de la intuición y no del razonamiento. Es la fuerza primaria que inspira la creación, la chispa que ilumina y permite el inicio del proceso creativo.
Mario Sabán explica que Jojmá se manifiesta desde el universo de Atzilut, el universo de la emanación, y desde ella surgen los 32 canales de sabiduría, conformados por las 10 sefirot y los 22 senderos. Esta organización no nace en Kéter, sino precisamente en Jojmá, lo que resalta su importancia como origen del conocimiento estructurado.
«El conocimiento cosmogónico de Jojmá es la sabiduría de Dios, de donde emergen los caminos hacia la comprensión de la realidad», dice Sabán.
La klipá de Jojmá: el desequilibrio de la luz
En la Cábala, toda sefirá puede manifestar una «klipá» o cáscara, es decir, un desequilibrio que distorsiona su energía. En el caso de Jojmá, su klipá es la locura. La sabiduría mal canalizada, la luz no equilibrada, puede llevar a la pérdida de la realidad.
Mario Sabán advierte: «El sabio puede avanzar, pero también puede retroceder. El problema es quien quiere alcanzar sabiduría muy rápido y no puede volver». La locura es el resultado de querer abarcar más luz de la que se puede sostener.
Jojmá exige un equilibrio constante. «El que se lanza sin freno a la luz puede enceguecerse», advierte Nacho Newman. Por eso, la klipá de Jojmá enseña la necesidad de cautela y de retorno.
La importancia de regresar: equilibrio espiritual
Nacho Newman recuerda que los grandes cabalistas enseñan a «correr y regresar», es decir, ascender en el conocimiento, pero siempre regresar al mundo material para integrar la luz. No es suficiente con elevarse, hay que volver con aquello que se ha descubierto.
Mario Sabán refuerza esta idea: «Vamos a la luz para bajar luz a este mundo, no para quedar colgando en la luz». Este regreso es esencial, porque sin él, la sabiduría pierde sentido y se convierte en un peligro.
El verdadero sabio sabe que cada ascenso debe ser seguido de un descenso, para que la sabiduría tenga un impacto real en la vida cotidiana. «La espiritualidad no es un juego; hay que saber cómo alterar las percepciones y cómo regresar a la materia», explica Sabán.
El peligro del exceso de luz
Acceder a niveles muy altos de sabiduría sin preparación puede ser destructivo. Mario Sabán comparte que ha visto personas perderse en la espiritualidad, afectadas por la cantidad de luz recibida.
«He visto claramente por lo menos tres o cuatro casos donde alumnos avanzaron a tal nivel que terminaron en una confusión total», relata. Estos casos no son hipotéticos, sino ejemplos concretos de cómo la luz mal gestionada puede llevar a trastornos psíquicos.
Por eso, la Cábala enseña que la luz debe ser recibida con gafas, con filtros que permitan una asimilación adecuada. «La Torá está diseñada para ponerte gafas frente a la luz de Dios, no para que la luz te queme», advierte Sabán.
El rol de Biná: ordenar la luz de Jojmá
Biná es la sefirá que estructura y ordena la luz de Jojmá. Sin ella, el conocimiento intuitivo puede volverse caótico. Es el complemento necesario que da forma y estabilidad a la inspiración de Jojmá.
Mario Sabán aclara: «Biná va en auxilio de Jojmá para que la sabiduría no entre en desequilibrio». La relación entre ambas sefirot garantiza que el conocimiento no se desborde y se mantenga dentro de un cauce sano.
La luz de Jojmá necesita de Biná para transformarse en entendimiento práctico. Solo así puede descender hasta Maljut, el reino de la acción y la materia.
La humildad del verdadero sabio
En la tradición cabalística, el sabio nunca se considera maestro absoluto. Siempre es un aprendiz de sabio. Esta actitud protege contra la soberbia y mantiene abierta la posibilidad de seguir creciendo.
Nacho Newman destaca: «No hay sabio, hay aprendiz de sabio», y esta humildad protege contra el ego espiritual. La sabiduría verdadera se reconoce en quien acepta que siempre hay más por aprender.
Mario Sabán complementa: «El sabio es el que sabe que no es sabio». La verdadera sabiduría surge al reconocer que siempre hay más por descubrir. «Nadie alcanza el título de maestro, porque estamos en todo momento aprendiendo», enfatiza.
La función de la pregunta en Jojmá
Jojmá es también conocida como «la fuerza de la pregunta». Es el impulso que perfora la realidad y revela nuevos niveles de luz. La pregunta es el motor del descubrimiento.
«Cada alma tiene que perforar la realidad a su manera», enseña Mario Sabán. La identidad espiritual se relaciona con la forma en que cada uno cuestiona y descubre. «La identidad del alma está en el tipo de perforación que hace en la realidad», agrega.
La pregunta es el vehículo que permite el avance. Antes de pensar, observa, enseña Abulafia, subrayando el papel de la percepción intuitiva. La sabiduría nace de ver, de sentir, y luego de reflexionar.
La luz debe ser bajada: aplicación práctica
No basta con recibir sabiduría. Esta debe ser aplicada. Mario Sabán insiste: «Jojmá se tiene que ver en Maljut, en la acción de la materia».
Si el conocimiento no se manifiesta en la vida diaria, se vuelve sospechoso. La espiritualidad real transforma la acción. «La conciencia se hace carne y se ven las acciones prácticas», afirma Sabán.
Cada revelación debe ser llevada al mundo físico. La luz que no desciende pierde su valor. «Ir a la luz es para traerla, no para quedarse en ella», recuerda Newman.
Protegerse de la luz: las gafas espirituales
Acceder a la luz espiritual sin protección puede ser devastador. La Cábala enseña que la luz divina debe ser filtrada, modulada, para que pueda ser comprendida y asimilada de forma segura.
Mario Sabán lo expresa claramente: «La Torá está diseñada para ponerte gafas frente a la luz de Dios, no para que la luz te queme». Estas gafas espirituales son las herramientas que la tradición cabalística ha desarrollado para interactuar con lo sagrado sin perdernos en su intensidad.
Cuanto más luz se alcanza, más sofisticadas deben ser estas protecciones. «Mientras más nos protegemos de la luz, más avanzamos hacia ella», concluye Sabán. La protección no es una barrera, sino una condición necesaria para avanzar.
Estas gafas representan la disciplina, la meditación, el estudio guiado y la humildad ante lo que no comprendemos. Sin ellas, la luz puede deslumbrar y llevarnos a la pérdida del sentido.
Desequilibrios en el Árbol de la Vida
El estudio de los desequilibrios es fundamental para comprender cómo mantener la armonía espiritual. Las sefirot pueden expresar tanto energía equilibrada como distorsionada, y conocer esas distorsiones es clave para el crecimiento.
El curso Desequilibrios en el Árbol de la Vida ofrece una guía profunda para explorar estas distorsiones. En él se analizan los excesos y carencias de cada sefirá, ayudando a los estudiantes a identificar sus propias áreas de desequilibrio.
Este curso enseña a detectar los excesos de luz y cómo regularlos, aplicando la sabiduría de Jojmá de manera equilibrada y transformadora. No se trata solo de conocer, sino de corregir, de hacer un trabajo interno que nos permita canalizar mejor las energías del Árbol de la Vida.
Mario Sabán afirma: «La Cábala nos da una metodología para ver dónde estamos mal ubicados energéticamente y cómo volver al equilibrio». Este conocimiento es vital para cualquier buscador espiritual que desee progresar de forma sana y profunda.
Conclusión: Jojmá como camino de humildad y acción
La verdadera Jojmá no busca acumular luz, sino transformar la realidad. Es un viaje de humildad, de preguntas, de ascensos y regresos.
Mario Sabán nos recuerda que cada paso hacia la luz debe estar acompañado de un anclaje firme en la materia. «La conciencia se hace carne y se ven las acciones prácticas».
Estudiar Cábala es comprometerse con una sabiduría viva, que eleva y enraíza, que revela y estructura, siempre desde el respeto a la luz y la humildad ante el misterio.
Antes de terminar te dejamos el vídeo de Mario Sabán y Nacho Newman para que puedas ampliar la información que te hemos ofrecido.