En el pensamiento cabalístico, la palabra Fe no siempre transmite el mismo sentido que en la tradición religiosa occidental. En este artículo basado en el diálogo entre Mario Sabán y Nacho Newman, exploraremos la diferencia entre Fe y Emuná, destacando la importancia del entrenamiento espiritual, la acción y la confianza en el sistema de la creación.
Se trata de una conversación profundamente iluminadora que revela cómo la Emuná no es una creencia pasiva sino una práctica activa.
Qué es la fe
En muchas tradiciones religiosas, la fe se interpreta como una adhesión intelectual o emocional a una creencia. Es decir, creer en algo que no se ve o no se puede demostrar. Esta fe puede volverse un acto estático, dependiente de dogmas o figuras de autoridad.
Sin embargo, Mario Sabán advierte que esta comprensión ha derivado en una forma de espiritualidad pasiva. «La fe se convirtió en una creencia mental que muchas veces no tiene consecuencias prácticas en la vida de la persona», señala. Por eso, es crucial distinguir entre esta fe teórica y la Emuná como experiencia vivida.
Qué es Emuná según la Cábala
Emuná proviene de la raíz hebrea imun, que significa «entrenamiento». Como explica Mario Sabán: «La Emuná es confianza, pero una confianza que se entrena a través de acciones». No se trata de una fe ciega, sino de una certeza forjada en la experiencia y el compromiso cotidiano.
Esta noción difiere drásticamente de la idea de fe como creencia abstracta. En la Cábala, tener Emuná implica confiar en el sistema de la creación, en la estructura que sostiene la vida, incluso si uno no la comprende por completo.
Diferencia entre fe y Emuná
Sabán señala que la palabra fe fue tomada del concepto de Emuná, pero en su paso por la cultura griega, perdió su carácter práctico. «La fe griega se volvió una creencia mental desligada de las obras. La Emuná es acción.»
La fe religiosa moderna muchas veces se basa en dogmas estáticos. En cambio, la Emuná se manifiesta en la vida activa y ética. Nacho agrega: «La Emuná es la clave para acceder a la experiencia mística, no una simple idea teológica».
Mientras la fe puede depender de la esperanza ciega, la Emuná implica una construcción cotidiana de confianza basada en hechos. No basta con declarar una creencia; hay que demostrarla con acciones.
Emuná para creyentes y no creyentes
Una de las enseñanzas más inclusivas de este dialogo es que la Emuná no depende de creer en Dios. «Incluso un ateo puede tener Emuná si confía en que el sistema natural le ha dado los recursos para vivir», dice Sabán.
Esto amplía el campo espiritual: confiar en el cuerpo, en la mente, en el proceso vital, es ya una forma de Emuná. La confianza no está basada en lo sobrenatural, sino en la conexión con la vida misma como estructura funcional.
La Emuná es una forma de reconocimiento del orden vital, más allá del lenguaje religioso. Es decir: uno puede vivir espiritualmente sin adherirse a una religión, si actúa con responsabilidad, respeto y conciencia de su lugar en el universo.
La Emuná como entrenamiento
Entrenar la Emuná significa actuar, desarrollar hábitos, practicar el agradecimiento, reconocer lo que funciona. «Cada mañana que despierto y mi corazón late, confío en que el sistema está operando», afirma Sabán.
Esta confianza no es ingenua, sino reflexiva. El reconocimiento de que el universo tiene una lógica –aunque imperfecta– es el punto de partida para construir una espiritualidad realista, concreta y activa.
El entrenamiento implica repetir actos coherentes con la confianza. Vivir éticamente, estudiar, amar, agradecer: todo eso refuerza la Emuná. Es una confianza que se fortalece desde la disciplina y la presencia.
El justo vivirá por su Emuná
El profeta Habacuc lo dijo claramente: «El justo vivirá por su Emuná». Esta afirmación implica que la vida misma depende de la confianza en el sistema. Sin Emuná, caemos en el cinismo, el nihilismo o la desesperanza.
Sabán apunta: «El suicidio es una pérdida total de Emuná. No confiar en que la vida vale la pena es desconectarse del sistema». Por eso, cada acto de vida es un voto de confianza.
Fe sin obras: un vacío
En la charla, se critica la noción de fe como creencia sin ética. «Puedes creer en Buda hoy, en Jesús mañana y seguir robando igual», ironiza Sabán. La Emuná exige coherencia entre pensamiento y acción.
Nacho cita la carta de Santiago: «Muéstrame tu fe sin obras, que yo te mostraré mi fe con obras». La fe abstracta no transforma, pero la Emuná práctica sí genera cambio.
Sabán insiste en que una fe que no impacta en la conducta es inútil. La verdadera espiritualidad se demuestra en la honestidad, la compasión, la generosidad, no en afirmaciones vacías o rituales desprovistos de sentido.
El mito del salvador externo
Sabán narra una parábola de un hombre ahogado que rechaza ayuda porque «espera que Dios lo salve». Finalmente muere y Dios le dice: «Te envié el helicóptero y el avión, pero no los tomaste».
Este cuento ilustra una verdad esencial: la ayuda divina se manifiesta a través de medios humanos y naturales. Tener Emuná es saber reconocer esos medios y no esperar milagros mágicos.
La espiritualidad no consiste en esperar pasivamente la intervención divina, sino en actuar con inteligencia y apertura. Reconocer al prójimo como canal de la divinidad es una de las formas más elevadas de fe.
Emuná y experiencia mística
Nacho Newman plantea que la Emuná es también una puerta hacia lo místico. «Es causa y consecuencia a la vez: me entreno porque tengo Emuná, y tengo Emuná porque me entreno».
La Emuná no se busca como un objetivo intelectual, sino como una vivencia. Es una confianza que brota del cuerpo, de la acción, del contacto real con la vida.
Cuando la persona vive en Emuná, se abre a experiencias místicas profundas: la intuición se afina, la percepción se expande y el alma reconoce su conexión con el Todo. No por dogma, sino por práctica constante.
Entrenamiento sin resultado
Una idea revolucionaria es que hay entrenamientos que no buscan resultados. Sabán explica: «Entrenar por entrenar, sin esperar nada, fortalece la Emuná más que cualquier logro».
Cuando soltamos la necesidad de control y simplemente vivimos el proceso, nuestra confianza se afianza de forma duradera. El entrenamiento sin expectativa se vuelve la práctica más poderosa.
Conclusión: Fe como acto, Emuná como camino
En síntesis, el video de Mario Sabán y Nacho Newman redefine lo que entendemos por fe. Nos invita a dejar de creer para empezar a entrenarnos, a transformar nuestras vidas desde la acción.
La Emuná es confianza activa, ética cotidiana, entrenamiento místico, y sobre todo, una decisión de vivir desde la coherencia.
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