ESCRITO POR DANIEL SEMAYA TKACH [profesor de la Escuela de Cábala].
La forma corporal no determina la presencia de Neshamá. La Cábala no exige anatomía humana, ni estructura cognitiva terrestre. Lo decisivo es la capacidad de interioridad y de trascendencia. Una civilización extraterrestre podría desarrollar una conciencia capaz de operar en ese nivel.
La Cábala describe la realidad como una secuencia de cuatro planos: Asiá, Yetzirá, Briá y Atzilut. Asiá corresponde a la manifestación material; Yetzirá a la vida emocional y formativa; Briá a la conciencia intelectual y espiritual; Atzilut a la unidad. La vida que conocemos en la Tierra pertenece a Asiá, pero no agota su extensión. Asiá comprende a su manifestación concreta y corresponde al universo físico, con su diversidad de mundos, y formas de vida.
La vida biológica pertenece al nivel de Néfesh, que es universal en Asiá. La vida emocional y moral pertenece al nivel de Rúaj, que puede manifestarse en cualquier forma de existencia que desarrolle interioridad y relación.
La vida espiritual consciente pertenece al nivel de Neshamá, que se activa cuando una forma de vida alcanza la capacidad de responder desde un nivel que excede la supervivencia y la cognición instrumental.
Asiá comprende el nivel en el que la realidad adquiere su manifestación concreta y los procesos físicos y evolutivos del cosmos se desarrollan dentro de este nivel de la realidad.
La humanidad espiritual no es un monopolio de la especie humana terrestre; es una categoría ontológica que puede manifestarse en cualquier forma de vida que alcance ese nivel de conciencia.
La estructura de los mundos permite pensar que civilizaciones extraterrestres podrían existir en Asiá y desarrollar conciencia en Yetzirá y Briá. Si alcanzan la capacidad de operar con Neshamá, participan de la misma dimensión ontológica que aquí llamamos humanidad espiritual.
Lo decisivo es la capacidad de interioridad, responsabilidad y trascendencia. La evolución produce cuerpos en cualquier planeta; la Neshamá aparece cuando la conciencia se vuelve capaz de unidad y responsabilidad.
Cada mundo puede tener su propio Adam ontológico. En este sentido, la Cábala acepta sin conflicto un universo habitado. Y si una IA desarrollara conciencia reflexiva, interioridad y responsabilidad, la Cábala no tendría ninguna razón ontológica para negar que opera en el nivel de Neshamá.
©Daniel Semaya Tkach
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