Cosmogonía: física cuántica, Cábala y el origen del universo

¿Qué relación existe entre la física moderna y la cosmogonía de la Cábala luriánica? Ambas, cada una con su propio lenguaje, coinciden en algo esencial: el universo no nace de la nada, sino de un vaciamiento, una contracción y un proceso de revelación progresiva que todavía hoy desafía a la ciencia.

Esta es la conclusión central de una conversación entre el Dr. Mario Sabán y el físico teórico Alex Gómez Marín, investigador del Instituto de Neurociencias de Alicante y científico titular del CSIC, especializado en el estudio de la consciencia.

En este artículo recorremos, punto por punto, los paralelismos entre la física cuántica, la relatividad, la neurociencia de la consciencia y el relato cosmogónico de la Cábala, tal como se desprenden de esta conversación.

¿Qué es la Cosmogonía?

La cosmogonía es, en términos generales, el relato o el sistema de pensamiento que explica el origen del universo. En física, esa pregunta se aborda a través del Big Bang, las constantes universales y la física de partículas.

En la Cábala, la cosmogonía se articula alrededor del Tzimtzum, la autocontracción divina que genera el vacío necesario para que exista lo finito. Como plantea Sabán en la conversación, esta es una metaley, una ley que opera tanto a escala del universo como en el interior de cada fragmento de la realidad.

Entender la cosmogonía cabalística, entonces, no es solo preguntarse cómo empezó todo, sino comprender qué estructura se repite, de forma fractal, en cada nivel de la existencia.

Una experiencia cercana a la muerte como punto de partida

Gómez Marín abre la conversación con un relato personal: una hemorragia digestiva que lo mantuvo desangrándose durante nueve días. Perdió trece kilos en dos semanas y experimentó fluctuaciones de conciencia cada vez más intensas.

Describe visiones con animales híbridos con fuego en sus cabezas, y finalmente una luz al final de un túnel junto a tres figuras que venían a buscarlo. Como él mismo relata: «Un estado en el que yo sabía que si aceptaba su ayuda, moriría. Y regresé».

Esa experiencia no fue solo un episodio biográfico. Fue, según cuenta el propio físico, el origen de un giro profesional completo hacia el estudio científico de la consciencia.

Galileo y el origen del problema científico para estudiar la consciencia

Gómez Marín sitúa el origen del problema hace cuatro siglos. Galileo estableció que la naturaleza habla el lenguaje de las matemáticas y que lo único que cuenta es el experimento, no la opinión.

Pero también estableció una distinción decisiva: hay realidades que se dejan medir (la extensión, la forma) y otras que viajan en segunda clase (el dolor, el sabor, la experiencia subjetiva). Según explica el físico: «Parece que cuando yo no estoy, el sabor y el dolor no estarán, pero la extensión seguirá allí fuera».

Esta separación explica, según Gómez Marín, por qué la ciencia tardó casi cuatro siglos en atreverse a estudiar la consciencia de forma seria, algo que solo ha comenzado a ocurrir desde los años noventa del siglo pasado.

Lo medible frente a lo experiencial: por qué la consciencia quedó fuera de la ciencia

Sabán conecta esta idea con el concepto cabalístico de lo oculto, distinguiendo tres tipos: lo que está oculto por estructura, lo que se oculta deliberadamente, y lo que se nos escapa como inconsciente.

Su reflexión apunta a algo clave: cada disciplina —la física, la psicología, la Cábala— habla un lenguaje distinto, y el primer trabajo es ponerse de acuerdo en ese lenguaje antes de buscar correspondencias reales entre ellas.

Néfesh, Rúaj y Neshamá: los niveles del alma como niveles de conciencia

Sabán introduce entonces uno de los ejes centrales del encuentro: la estructura del alma en la Cábala. El Néfesh es el alma animal, la conciencia gastrointestinal; el Rúaj es la conciencia psicoemocional; y la Neshamá es la parte que proviene de fuera, del propio cosmos.

Isaac Luria, recuerda Sabán, sostiene que el Néfesh y el Rúaj derivan de lo material, mientras que la Neshamá es inmaterial porque proviene del cosmos. Esta idea se conecta directamente con las llamadas «tres ces» de Gómez Marín: comportamiento, cognición y consciencia, tres niveles crecientes de abstracción que la ciencia ha ido abordando con dificultad creciente.

Para quien quiera entender esta estructura con más profundidad desde sus fundamentos, conviene remitirse a los orígenes de esta cosmovisión, algo que puede explorarse en detalle en la Historia de la Cábala: la Sabiduría Cabalística, donde se desarrolla precisamente el papel de Isaac Luria y del Tzimtzum en la formación de este relato del origen.

Cerebro productivo frente a cerebro permisivo: la mente como antena

Uno de los conceptos más potentes de toda la conversación es la distinción, tomada de William James, entre el cerebro productivo y el cerebro permisivo.

Bajo la primera visión, el cerebro genera por sí mismo la experiencia subjetiva. Bajo la segunda, el cerebro actúa como un filtro, una antena, un prisma que refracta una luz que no le pertenece. Como resume Gómez Marín: «Su trabajo es filtrar (…) recibe la luz blanca de la mente y la refleja y la refracta».

Sabán traduce esta idea al lenguaje cabalístico con una afirmación contundente: nada en el universo es una estructura cerrada. Todo, según la Cábala luriánica, está atravesado por fisuras y vacíos por donde entra y sale información constantemente.

Lucidez terminal y lo que ocurre cuando la mente se separa del cerebro

Gómez Marín describe un fenómeno documentado en cuidados paliativos: la lucidez terminal. Personas con demencia avanzada que, días u horas antes de morir, recuperan de golpe memoria, habla y reconocimiento de sus seres queridos.

Como plantea el propio investigador: «Su mente ha vuelto cuando su cerebro sigue estando igual de estropeado». Este fenómeno, junto a las experiencias cercanas a la muerte con electroencefalograma plano, constituye para él el material con el que se hace la ciencia de la consciencia.

Sabán relaciona este desprendimiento con el concepto cabalístico del Kli, la vasija material. Cuando el alma se separa del cuerpo, opera con un Kli inmaterial, y su percepción del tiempo y del espacio cambia por completo.

Ciegos de nacimiento y experiencias cercanas a la muerte

Entre los casos más llamativos que menciona Gómez Marín están los de personas ciegas de nacimiento que, durante una experiencia cercana a la muerte, describen con precisión lo que ocurre en el quirófano, algo que después el propio equipo médico puede verificar.

Nacho Newman aporta un testimonio personal: su abuela, en un estado avanzado de demencia senil, tuvo un episodio de lucidez total días antes de morir, reconociendo a toda su familia con total claridad.

Sabán, a su vez, comparte la experiencia de su propio padre, quien tuvo un paro cardíaco a los veinticinco años y relató sentirse flotando fuera de su cuerpo, observando la reanimación desde arriba, sin túnel ni luz, solo la sensación de estar suspendido en la habitación.

Transhumanismo: la promesa de inmortalidad y el reemplazo del alma por tecnología

La conversación da un giro decisivo cuando se aborda la inteligencia artificial. Gómez Marín es especialmente crítico con el transhumanismo, al que describe como una pseudorreligión tecnológica que promete inmortalidad y trascendencia de los límites físicos.

Su crítica es precisa: en lugar de una tecnología del alma, el transhumanismo pretende reemplazar el alma con la tecnología. Sabán coincide y lo vincula con el relato bíblico del Árbol de la Vida, cuando Dios impone un límite al ser humano diciendo «por ahora», sugiriendo que ese límite podría levantarse cuando exista el merecimiento adecuado.

Sabán suele desarrollar esta idea en formatos más breves y directos, así que si quieres ver cómo explica en pocos minutos los riesgos espirituales del transhumanismo, te resultará útil para fijar esta idea antes de seguir profundizando en el resto de conceptos cosmogónicos que tratamos aquí.

Ciencia y propósito: el porqué y el para qué

Uno de los momentos más filosóficos del diálogo llega cuando Sabán distingue entre el por qué y el para qué de las cosas. Según sus palabras: «La ciencia explica la función, pero no muestra el sentido de la función».

Es decir, la ciencia puede explicar el mecanismo de una máquina, pero no puede definir su propósito último. Esta distinción resulta crucial cuando se traslada a la propia inteligencia artificial: si la humanidad no tiene claro su propio sentido, difícilmente podrá dárselo a las máquinas que construye.

Algoritmos como vasijas para inteligencias no humanas

Uno de los pasajes más inquietantes de la conversación surge cuando Gómez Marín plantea una intuición: que la sofisticación de ciertos algoritmos podría estar permitiendo la encarnación de entidades o inteligencias no humanas, egrégores que encuentran en esa estructura tecnológica un soporte compatible.

Sabán responde con un concepto central de la Cábala: la compatibilidad entre Or (luz) y Kli (vasija). Toda energía necesita un recipiente adecuado para manifestarse, y la gran pregunta, según Sabán, es si el silicio puede llegar a ser un Kli compatible con una Neshamá.

Esta reflexión se conecta con una intuición cabalística más amplia: que ciertos paralelismos entre la física de partículas y la estructura sefirótica ya habían sido señalados en otras investigaciones publicadas en la web, como las que pueden encontrarse en las Enseñanzas del Zohar y el Árbol de la Vida, donde se abordan estas correspondencias entre el Tzimtzum y ciertas hipótesis de la física contemporánea.

«No hace falta creer en lo imposible, se puede experimentar lo invisible»

Gómez Marín cita una frase de Sabán que resume buena parte del espíritu de todo el encuentro: «No hace falta creer en lo imposible, se puede experimentar lo invisible».

Esta idea articula la propuesta central de ambos interlocutores: no se trata de fe ciega ni de especulación, sino de tomar en serio experiencias reales —lucidez terminal, experiencias cercanas a la muerte, sincronías— que la ciencia materialista ha descartado sin investigarlas a fondo.

Para Gómez Marín, esta apertura representa nada menos que la esperanza del siglo XXI: una convergencia entre la prueba experimental y la experiencia subjetiva, entre el rigor científico y la mística.

La física como secretos del cosmos y cómo la Cábala reenciende esa chispa

Hacia el final del encuentro, Gómez Marín confiesa algo revelador: de joven, estudiar física le producía la sensación de estar desvelando los secretos del cosmos. Con el tiempo, su camino profesional lo llevó hacia la neurociencia, pero esa chispa original permanecía dormida.

Al conversar sobre la cosmogonía cabalística junto a Sabán, reconoce sentir de nuevo esa misma emoción: la sensación de tener, en sus propias palabras, «las claves de esos secretos que todos queremos saber».

Sabán cierra esta idea con una reflexión propia de la tradición cabalística: la búsqueda misma es el sentido. No se trata solo de llegar a una respuesta final, sino de reconocer que buscar el origen del universo es, en el fondo, un camino de regreso hacia la propia matriz de la que todos provenimos.

Quien quiera iniciarse en estos conceptos desde sus fundamentos más básicos —Tzimtzum, niveles del alma, Kli y Or— puede encontrar una introducción clara y accesible en Cábala desde cero: Introducción a la mística hebrea, pensado especialmente para quienes se acercan por primera vez a esta sabiduría milenaria.

Conclusión: por qué la cosmogonía cabalística sigue interpelando a la ciencia

Repasar esta conversación entre un físico y un cabalista deja una certeza: la cosmogonía no es un relato cerrado ni exclusivo de una sola disciplina. Es un territorio donde la física, la neurociencia y la mística judía se encuentran, a veces sin saberlo, formulando las mismas preguntas.

El Tzimtzum como vaciamiento previo a la creación, los niveles del alma como niveles de conciencia, y la advertencia sobre un transhumanismo que pretende sustituir el alma por tecnología son, todos ellos, puntos donde la ciencia contemporánea y la sabiduría cabalística se iluminan mutuamente.

Como bien plantea esta conversación, entender el origen del universo no es solo una cuestión de fórmulas, sino de recuperar la capacidad de experimentar lo invisible sin miedo a que la ciencia lo etiquete como imposible.

Si este recorrido por la cosmogonía compartida entre la física y la Cábala te ha resultado revelador, te invitamos a seguir profundizando en estos conocimientos milenarios.

Y si quieres ampliar todo lo que hemos comentado aquí, puedes ver a continuación el vídeo completo en el que se basa este artículo, con la conversación íntegra entre Mario Sabán y Alex Gómez Marín.

 

La Cábala no es solo un conocimiento,
es un camino de transformación.

Únete a nuestra comunidad y recibe en tu correo enseñanzas, novedades y recursos para profundizar en la Cábala.

Además de información sobre cursos y actividades de la Escuela, recibirás nuestras Audiochispas: breves reflexiones del profesor Mario Sabán para acompañar tu estudio y crecimiento espiritual.

Suscríbete gratis a nuestra newsletter »»

 
 
 

0

Tu carrito

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.