Hay una frase que Mario Sabán lanza casi como un destello al principio de una conversación reciente del Kabala Podcast, y que lo cambia todo: «¿Sabes que no hay nicho de mercado? Hay originalidad energética del alma que se revela y crea el nicho. No es que encontraste el nicho, es que tú eres el nicho.»
En esa sola afirmación está contenida toda una filosofía de la creatividad que la Cábala lleva elaborando durante siglos y que, paradójicamente, resulta más pertinente que nunca en un mundo saturado de estrategias de marketing, gurús del contenido y presión constante por reproducir lo que funciona.
La conversación entre Sabán y Nacho Newman es uno de esos diálogos que no dan recetas. Dan algo más valioso: un marco radicalmente distinto para entender qué significa crear, desde dónde se crea y por qué el alma no puede ser sustituida por ninguna tendencia.
La creatividad en la Cábala: Nétzaj y el potencial del alma
Antes de entrar en el territorio del alma y la expresión creativa, Sabán establece una base que muchos pasarán por alto: «todos tenemos mente creativa porque todos tenemos una dimensión que es Nétzaj.»
Nétzaj es la séptima sefirá de arriba abajo del Árbol de la Vida, asociada precisamente a la expresión creativa, el impulso vital y la capacidad de manifestación. No es una cualidad reservada a artistas o escritores. Es una dimensión constitutiva de toda personalidad humana.
El problema no es la falta de creatividad innata. El problema es que esa dimensión queda atrapada bajo capas de imitación, miedo a la originalidad y búsqueda de aprobación externa.
Sabán lo formula con una claridad que no deja escapatoria: «toda alma que se muestre tal como es, ya es creativa por sí misma, porque esa alma está mostrando algo que las demás almas no pueden mostrar.» La expresión creativa auténtica, desde la Cábala, no es una habilidad que se adquiere. Es una revelación que se permite.
Copiar al otro: la traición más costosa
El primer obstáculo que Sabán identifica en el camino hacia la expresión auténtica es uno que el mundo contemporáneo convierte en sistema: copiar.
«En el mundo espiritual la gente quiere imitar a otro y copia y pega, sale mal», dice. Y no porque la copia sea técnicamente deficiente, sino porque «el alma no está desarrollando su verdadero potencial a nivel álmico. No está mostrando su verdadera naturaleza.»
La lógica que subyace a la imitación es comprensible: si al otro le funcionó ese formato, esa estética, ese tipo de contenido, ¿por qué no reproducirlo? Sabán desmonta esa lógica con precisión: «Al otro le funcionó porque está revelando su propia alma, por eso le funcionó.» Y quien imita no reproduce el éxito; reproduce la forma vacía de algo que tenía contenido porque era genuino.
El acto de copiar es, en términos cabalísticos, un acto de deshonestidad con el alma propia. «La mente se vuelve deshonesta consigo misma y la potencia del alma, la naturaleza del alma, no se halla.» La mente busca atajos. El alma, en cambio, no tiene atajos disponibles.
Para quien quiere comprender el proceso creativo desde la Cábala y su relación con el autoconocimiento, esta distinción entre imitar y revelarse es el punto de partida irrenunciable: sin honestidad interior, no hay creatividad posible.
Tú no encuentras el nicho, tú eres el nicho
El momento en que Sabán traduce el lenguaje de la Cábala al lenguaje del marketing —y lo transforma desde adentro— es uno de los momentos más deslumbrantes de la conversación.
El mundo empresarial habla de «encontrar el nicho de mercado» como si la diferenciación fuera una estrategia que se diseña desde fuera. Sabán invierte el proceso completamente: «el alma, energéticamente, cuando trae algo original, no es que encontró el nicho, el nicho es el alma.»
El nicho no está en el mercado. Está en la naturaleza única del alma que se revela. Y cuando esa naturaleza se expresa con honestidad y profundidad, el mercado —el mundo— responde. No porque se haya analizado la demanda, sino porque se ha aportado algo que nadie más podía aportar.
Esta perspectiva se condensa muy bien en un contenido breve en el que Sabán subraya que el verdadero diferencial no es la estrategia de nicho, sino la originalidad energética del alma que se atreve a mostrarse.
Esta es la diferencia entre un Ein Sof —un infinito de posibilidades— y un catálogo cerrado de formatos probados. La originalidad real no se encuentra; emerge. Y emerge cuando el alma tiene el valor de mostrarse tal como es, sin el disfraz de lo que otros consideran exitoso.
Sabán señala la paradoja con ironía: «¿No quiere usted buscar un nicho de mercado? No lo busque más. No hay nicho de mercado. Lo que usted tiene que buscar es en su interior lo que su alma tiene como para aportar al mundo.» Esa es la verdadera creatividad.
La trampa de los resultados sin cambio interior
La conversación toca uno de los puntos de mayor tensión en el mundo espiritual contemporáneo: la demanda de resultados inmediatos sin proceso interior.
Sabán lo ve constantemente en quienes se acercan a la Escuela de Cábala: «alumnos que llegan lo primero que dicen: ‘Quiero resultados prácticos’. Quieren resultados que den resultado sin haber cambiado.»
La respuesta es directa: «no hay resultados sin proceso interior de cambio, sin reconexión con la Neshamá.»
Esta afirmación tiene una implicación cabalística precisa. Los resultados externos son consecuencia de la vibración interna del alma, no de la aplicación de métodos copiados del entorno. «Nuestra energía condiciona la materia, es nuestra energía la que va a cambiar la materia.» Creer lo contrario —que las condiciones externas determinan los resultados— es, para Sabán, caer en el materialismo más reduccionista.
El mundo empresarial ha colonizado incluso el espacio espiritual con esta lógica: «lo que viene del mundo empresarial lo ha invadido todo. Todo lo ha invadido en cuanto a los resultados y estamos ante un mundo de solo resultados exteriores.»
El antídoto es incómodo pero preciso: hacer el trabajo interior real, que no promete efectos en 48 horas sino transformación duradera.
El alma no negocia con vacíos existenciales
Sabán identifica el riesgo más profundo de esta carrera hacia los resultados externos: la Klipá de Yesod, la cáscara que distorsiona la sefirá de la imagen y el vínculo.
«Estamos en la Klipá de la Yesod. Estamos en un terreno donde lo que vende es la imagen, solo la imagen. Compro imagen, tengo resultados de imagen y no hay profundidad ninguna.»
Una persona puede acumular seguidores, visibilidad, aparentes éxitos, y seguir sintiéndose vacía. No porque los logros sean falsos, sino porque no están alineados con la vibración real del alma. «Si tú no tienes un cambio interior, todos los resultados exteriores hacia afuera no van a tener ningún sentido porque en realidad va a haber como una traición al alma.»
Sabán lo ilustra con un ejemplo que desactiva cualquier ilusión sobre la cantidad como criterio de valor: «el de marketing va a decir: hazle la entrevista a tal persona porque llega a un millón de seguidores. A Hitler lo votaron 17 o 18 millones de alemanes.» La cantidad no es indicador de calidad energética.
Cuando los resultados sí fluyen desde el trabajo interior auténtico —cuando el alma se muestra tal como es y el mundo responde a eso—, entonces «hay resultados del exterior que tienen un sentido vibracional con lo que el alma de alguna manera produce.» Son resultados que no generan vacío. Son resonancias, no conquistas.
La sinestesia como portal creativo
La segunda mitad de la conversación adquiere una dimensión más íntima cuando Nacho Newman pregunta a Sabán cómo estimula su propio proceso creativo, especialmente en la escritura.
La respuesta revela algo que Sabán lleva décadas observando en sí mismo: una sinestesia particular entre la música clásica barroca y un estado de inspiración que describe como apertura de un canal.
«Yo es como que puedo abrir algún canal de iluminación o de inspiración, como lo quieras llamar, donde me baja un tipo de información con un tipo de música que es un tipo de música barroca.» No cualquier música: específicamente la del periodo que va de 1570 a 1770. «Cuando paso de 1780 para adelante, ya con Mozart, Beethoven, ahí ya no puedo, no tengo esa inspiración.»
Esta especificidad no es capricho. Es la huella de una conexión energética que Sabán no puede explicar del todo, pero que funciona con una regularidad que ya no le sorprende.
Y no es un caso aislado en la historia de la mística. Sabán descubrió que algo similar le ocurría a Moisés de León en el siglo XIII —el autor o compilador del Zohar, uno de los textos más importantes de la Cábala—, quien «entraba en una inspiración de escritura automática.» También Jacob Böhme, el místico cristiano del siglo XVII, alcanzó «lo que se llama escritura automática. Una capacidad de decodificación de la información donde el pensamiento deja de mediar.»
La referencia no es casual. Ambos casos aparecen documentados en Las grandes tendencias de la mística judía de Gershom Scholem, una de las obras más rigurosas sobre la historia de la Cábala. La escritura inspirada no es una metáfora romántica. Es una modalidad conocida y estudiada de recepción de información que sobrepasa la mente racional.
Escritura canalizada: cuando la Biná deja de mediar
Sabán describe su proceso de escritura con una honestidad que desmonta el mito del escritor que produce constantemente de forma disciplinada.
Primero hay un periodo de acumulación: dos años mínimo de investigación, lectura profunda, preguntas que abren nuevos campos. Solo cuando siente que «esa acumulación está al tope, como que totalmente lleno», comienza la escritura. Y entonces puede fluir a una velocidad que él mismo describe como vertiginosa: 15, 20, 25 páginas por día.
«Lo investigado más el proceso de caída de información que yo siento que no me pertenece», dice. La combinación de ambos —esfuerzo intelectual sostenido y recepción de algo que viene de más allá— es la que da a sus libros esa densidad particular.
El mecanismo cabalístico que subyace a esto es preciso: cuando la Biná —la mente racional organizadora— deja de mediar completamente, la información baja directamente como flujo desde Jojmá, la sabiduría intuitiva que precede al pensamiento estructurado. La relación entre ambas sefirot en el proceso creativo —que Nacho Newman describe como «copulación de Jojmá y Biná«— produce Daat, el conocimiento profundo e integrado.
Quienes quieran entender la dinámica de Jojmá como fuente de inspiración y sabiduría más allá del razonamiento encontrarán en ese marco cabalístico la explicación más coherente del fenómeno que Sabán está describiendo desde su experiencia personal.
Nacho Newman y los colores de las notas
La conversación gana en riqueza cuando Nacho Newman comparte su propia experiencia sinestésica, esta vez desde la música: para él, cada nota musical tiene un color asociado. El Do es negro, el Mi es rojo, el Fa naranja, el La azul, el Si blanco.
Sabán reconoce algo similar en sí mismo: «tengo una sensación interior cromática.» Y desarrolla una hipótesis que resulta fascinante: cuando escribe bajo la influencia de la música barroca, la letra se vuelve «encarnación de la música, energía de la vibración de la música.» Y sospecha que el lector, al leer, «escucha.» No de forma consciente, pero sí a nivel vibracional. «Debe existir un porcentual de los lectores que cuando entran, entran a la vibración de la letra que les pertenece al ritmo de esa música.»
Si esto es así, leer un libro de Sabán no es solo recibir información intelectual. Es entrar en contacto con la frecuencia desde la que fue escrito. Una composición musical hecha de palabras.
Nacho hace la observación que Sabán rúbrica con humor: «por las dudas, nunca estés en un lugar que esté sonando reggaetón mientras que estás escribiendo.» Y Sabán confirma que sin la música barroca, el canal se bloquea. El campo no se abre. La información no baja.
Las neuronas como antenas: la Cábala por delante de la ciencia
El cierre de la conversación sobre sinestesia conduce a Sabán a una afirmación que sintetiza toda la perspectiva cabalística sobre la expresión creativa y la recepción de información:
«En la Cábala estamos un poquito más adelante que la ciencia en el sentido de que nuestras neuronas son antenas que están recibiendo información, que es la información que necesitamos a nivel del Tikún de nuestra alma. Estamos bajando información que tiene relación con la naturaleza de nuestra alma. No estamos bajando cualquier tipo de información.»
La sinestesia no es solo un fenómeno neurológico interesante. Es la demostración de que el proceso creativo, cuando es auténtico, está sintonizado con el Tikún personal. La información que baja no es aleatoria: es específica, es la que el alma necesita para su corrección, y es también la que el alma puede aportar al mundo.
Crear desde ahí no es solo hacer arte. Es hacer Tikún Olam: contribuir a la reparación del tejido de la existencia con lo único que nadie más puede aportar —la originalidad irrepetible del alma propia. Esta es la esencia de la creatividad.
Conclusión: la originalidad es una obligación espiritual
La creatividad auténtica, en el marco de la Cábala, no es una cualidad opcional ni un talento especial. Es la obligación más profunda del alma: la de mostrarse tal como es, en toda su originalidad, sin disfrazarse de lo que funciona para otros.
Copiar no es una estrategia fallida. Es una traición. Y los resultados que perseguimos sin proceso interior son, en el mejor de los casos, ruido. En el peor, vacío disfrazado de éxito.
El camino que Sabán y Newman describen exige lentitud, honestidad, acumulación paciente y la valentía de no saber aún qué forma tomará aquello que el alma tiene por revelar. Pero cuando esa revelación ocurre —cuando el canal se abre, la música barroca suena y las páginas fluyen solas—, lo que aparece no es solo un producto creativo. Es la prueba de que el alma estaba donde tenía que estar.
Si este diálogo ha abierto en ti esa pregunta sobre qué es lo que tu alma vino a revelar, Cábala desde cero: Introducción a la mística hebrea es el espacio donde esa pregunta puede comenzar a responderse con el rigor y la profundidad que merece.
Porque la originalidad no se enseña. Se libera.
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