Hay silencios que duelen más que el ruido del mundo.
Son los silencios del alma cuando ha olvidado su propósito. Esa es la raíz de la angustia existencial: un vacío que no nace de la falta de cosas, sino de la ausencia de sentido.
El ser humano moderno corre, produce, se conecta, pero rara vez se detiene a escuchar la voz que lo habita. Y cuando lo hace, suele encontrarse con una pregunta que no sabe responder: ¿para qué vivo? En ese instante, la angustia se revela no como un enemigo, sino como un llamado del alma a despertar.
El Dr. Mario Sabán, nos recuerda que la vida no es una condena ni un absurdo, sino una oportunidad divina de expansión. Desde la mirada de la Cábala, la angustia no surge por vivir, sino por no comprender el propósito de la vida. “Lo que causa angustia —dice Sabán— no es la existencia, sino no saber qué hacer con ella.”
En esta conversación con Nacho Newman, se despliega un mapa luminoso para quienes sienten que su alma camina entre sombras. Porque incluso en la noche más oscura, la Cábala enseña que hay una chispa que no se apaga. Y cuando esa chispa se recuerda, la angustia se transforma en un camino de luz.
La vida como oportunidad del alma y salida posible de la angustia existencial
La angustia existencial no es un síntoma psicológico pasajero, sino una manifestación profunda del alma que ha perdido el sentido de su propio propósito. Como afirma Mario Sabán: “La vida es una oportunidad del alma encarnada para aprender, y cuando uno aprende, realmente se da cuenta de que puede salir de la angustia.” Desde esta visión, la existencia no es fuente de sufrimiento, sino el escenario donde el alma se despliega para recordar quién es.
La Cábala enseña que toda angustia proviene de una distorsión en la percepción de la realidad. No sufrimos por la vida misma, sino porque no comprendemos qué hacer con ella. Esta idea es radicalmente distinta a la visión de Heidegger, quien consideraba que la mera existencia generaba angustia. Para la Cábala, el problema no es “ser arrojado al mundo”, sino no ver el propósito divino en ese arrojamiento.
La angustia, dice Sabán, es “una sensación laberíntica”, una trampa del alma que ha olvidado su dirección. Pero también es una llamada, una señal del alma que pide atención. El primer paso es hablarle al angustiado, recordarle que “de esa situación se puede salir”. No es un consuelo ingenuo, sino un acto de verdad: la angustia se disuelve cuando el alma recuerda su camino.
La etimología de la angustia: de lo angosto a la expansión del alma
Sabán recuerda un dato revelador: “Angustia viene de angosto”. Lo que es angosto limita, asfixia, encierra. Y así ocurre cuando el alma vive una percepción estrecha de la realidad. “Si estamos angostos —dice— tenemos angustia”.
En la Cábala, el alma humana es una vasija destinada a recibir la Luz divina. Cuando esa vasija se contrae por miedo, rigidez o desconexión, se produce angustia. El antídoto, entonces, no es la huida, sino la expansión de la conciencia. Ver la realidad tal cual es —sin distorsiones, sin miedo— es el camino de salida. En palabras del maestro: “Lo que causa angustia es no ver la realidad tal cual es.”
Cábala vs. Heidegger: la distorsión de la percepción
Mientras la filosofía existencialista afirma que la vida misma es fuente de angustia, la Cábala revela que la existencia es una bendición. Sabán contrapone ambas visiones con claridad: “La vida tiene el deseo de crecimiento, el entusiasmo por el crecimiento. No es la vida la que me causa angustia, sino no saber qué hacer con ella.”
Desde esta perspectiva, la angustia existencial no es un castigo ni un destino inevitable. Es una distorsión perceptiva: el alma ve su mundo reducido, pierde el sentido de su misión y se confunde. Cuando el alma recuerda que encarnó para aprender y elevarse, la angustia se transforma en oportunidad de expansión.
El núcleo del problema: la falta de sentido
Sabán afirma con contundencia: “Lo que causa angustia realmente es el sinsentido de la existencia.” No hay peor vacío que aquel de quien no sabe por qué vive. Las preguntas “¿qué hago con mi vida?” o “¿para qué estoy aquí?” no son triviales; son la raíz de toda búsqueda espiritual.
En la visión cabalística, el sentido de la vida no se impone desde fuera, sino que se descubre en la interioridad del alma. Cada ser humano trae una chispa divina única, un propósito que solo él puede realizar. Cuando se vive desde esa chispa, la angustia se disuelve. Cuando se vive desconectado, la angustia se instala como una niebla permanente.
Angustia existencial vs. preocupaciones temporales
Es fundamental distinguir entre una preocupación puntual —como una enfermedad o un problema económico— y la angustia existencial, que “abarca la percepción de toda la existencia”. Sabán explica: “La persona puede vivir una vida normal, trabajar, reírse, amar, y sin embargo sentir una angustia profunda.” Esta angustia no depende de las circunstancias; es un estado del alma que perdió el contacto con su sentido.
La angustia existencial, entonces, no se cura con distracciones ni con éxitos materiales. Se cura con comprensión, con el encuentro interior. “Cuando uno encuentra el sentido de su existencia, ya empieza a dejar la angustia de lado.”
Disparadores contemporáneos: la jubilación y el vacío del tiempo
Uno de los momentos más reveladores del diálogo surge cuando Nacho Newman pregunta si hay situaciones que disparan la angustia existencial. Sabán responde: “Totalmente. Te voy a dar una: la jubilación.”
Cuando una persona deja de trabajar, a menudo emerge una angustia que ya estaba latente. El trabajo había sido una máscara, una forma de llenar el tiempo sin cuestionar el sentido. La jubilación quita esa estructura y el alma se enfrenta al vacío del tiempo. “¿Qué hago con mi tiempo? ¿Qué hago con mi vida?” —son, en realidad, la misma pregunta.
La Cábala enseña que uno no se jubila nunca de la vida. Mientras el alma tenga propósito, sigue activa. Sabán lo dice sin ambigüedades: “Desde el punto de vista espiritual, cuando uno encuentra el sentido de su vida, no se retira nunca.”
Identidad más allá del trabajo: crisis y oportunidad
La jubilación, o cualquier cambio vital profundo, pone en crisis la identidad del ego. Muchos se definen por su profesión: médico, abogado, empresario. Pero cuando esa identidad se cae, emerge el vacío. “Estos quiebres —dice Sabán— son oportunidades para encontrar la verdadera identidad del alma.” En la Cábala, esta identidad se llama “ne’amánut”, la fidelidad del alma a su propia esencia con devoción.
Por eso, toda crisis es una puerta. La angustia no es enemiga, sino guía. Nos empuja a descubrir quiénes somos más allá de las máscaras. Cuando el alma recuerda su raíz, aparece una nueva serenidad: la paz interior de quien se ha reencontrado con su propósito.
Acción vs. parálisis: actuar para encontrar sentido
La angustia paraliza, pero solo la acción consciente puede transformarla. Sabán explica: “La angustia me frena para la acción, pero necesito la acción para buscar el sentido de mi vida.” Es un círculo que se rompe con decisión. Actuar, aunque sin certezas, es un gesto de fe.
En la Cábala, la fe —emuná— no es creencia ciega, sino confianza activa. Es la certeza de que detrás de la oscuridad hay luz. “Hay que hablarle al angustiado y decirle que del otro lado hay luz”, repite Sabán. Esta es la esencia del camino: la angustia como umbral, no como condena.
Señal de salida: la paz interior tras corregir la percepción
La salida de la angustia no llega de un día para otro. Es un proceso que requiere meses o años de trabajo interior. Pero hay una señal inequívoca: paz interior a pesar de las circunstancias. Sabán lo describe como “algo increíble, casi milagroso”, cuando el alma siente que ha salido del laberinto.
Esta paz no depende de circunstancias externas. Surge cuando se ha corregido la distorsión de la percepción y se ha descubierto el sentido profundo de la vida. “Cuando uno comprende cuál es la naturaleza de su alma, sale de la distorsión.” Ese momento marca el fin de la angustia y el comienzo de una nueva existencia.
El sentido como dirección del alma
En una de las reflexiones finales, Sabán y Newman dialogan sobre el significado de la palabra “sentido”. No se trata solo de dirección, sino también de “algo que fue sentido”: una vivencia, una experiencia interior. “Cuando tienes un sentido, lo encuentras todo —dice Sabán— porque todo se vuelve significativo, incluso la muerte.”
Aquí la Cábala alcanza su expresión más luminosa: cuando se encuentra el sentido, el miedo desaparece. No porque la vida sea más fácil, sino porque todo adquiere coherencia. Hasta la muerte se integra en el propósito del alma.
La Cábala como camino de comprensión
La enseñanza de Mario Sabán nos recuerda que la angustia existencial es una maestra disfrazada para la Cábala. Nos obliga a detenernos, a mirar hacia adentro y a buscar el propósito que sostiene la existencia. En ese camino, la Cábala ofrece herramientas profundas: el Árbol de la Vida, los niveles del alma, la corrección de la percepción y el estudio del sentido.
Quien desee comenzar este viaje puede hacerlo a través del curso Cábala desde cero con Mario sabán, una guía esencial para entender los fundamentos de esta sabiduría milenaria.
Conclusión: de la angustia a la luz
La angustia existencial, vista desde la Cábala, no es un castigo, sino un llamado. Es la voz del alma que reclama sentido. Cuando escuchamos ese llamado, cuando nos atrevemos a mirar más allá del ego y de la confusión, descubrimos que la angustia era solo una puerta hacia la expansión.
Como enseña Mario Sabán, “cuando uno comprende la naturaleza de su alma, sale de la distorsión”. Y entonces, la vida —que antes parecía un laberinto oscuro— se revela como lo que siempre fue: una oportunidad luminosa para aprender, amar y despertar.
Te recomendamos ver el vídeo de la conversación entre Mario Sabán y Nacho Newman para poder ampliar y complementar lo que has aprendido en este artículo.