Almas oscuras: ¿puede el alma salir de la oscuridad?

Hay temas que incomodan desde el título. «Almas oscuras» es uno de ellos. Tan pronto como aparece esa expresión, algo en nosotros quiere mirar hacia otro lado, como si nombrarlo fuera ya una forma de invocarlo. Y sin embargo, precisamente por eso merece ser abordado con rigor, con profundidad y, sobre todo, desde el marco de la Cábala, que no teme a la oscuridad porque sabe que detrás de ella siempre hay luz.

Esto es exactamente lo que hicieron Mario Sabán, Nacho Newman y Yosef Vargas en uno de los episodios más densos y reveladores del Kabala Podcast. A lo largo de casi treinta minutos, los tres conversaron sobre la naturaleza del mal, la posibilidad de rectificación, el tikún bloqueado y las consecuencias que este tipo de personalidades tienen sobre quienes las rodean. Lo que sigue es una síntesis profunda de esa conversación, expandida con las implicaciones filosóficas y espirituales que merecen.

Almas oscuras como luz desviada, no como ausencia de luz

El primer gran aporte conceptual del diálogo lo ofrece Mario Sabán casi desde el arranque, y conviene no pasarlo por alto.

Como bien afirma Sabán: «Todas las almas tienen luz. Lo que pasa es que cuando hablamos de oscuridad es una luz desviada, es decir, sería lo que llamaríamos luz oscura».

Esta distinción es fundamental. En la cosmovisión cabalística no existe una entidad del mal que sea opuesta y equivalente a la luz divina. No hay un dualismo absoluto. Lo que llamamos «oscuridad» es siempre luz que ha perdido su orientación, luz que ha quedado atrapada en un desequilibrio, que se ha identificado con su propia distorsión hasta confundirla con su identidad.

Esto cambia radicalmente la forma en que debemos entender a una persona oscura. No es alguien vacío de esencia divina. Es alguien cuya esencia divina ha quedado bloqueada, encapsulada, incapaz de expresarse en su forma luminosa. El problema, entonces, no es metafísico sino funcional: ¿cuánta identificación ha desarrollado ese alma con su propia distorsión? ¿Cuánto bloqueo existe entre lo que es y lo que podría ser?

¿Nacen así o se hacen? El peso de las encarnaciones pasadas

Una de las preguntas que recorre toda la conversación es si estas personalidades nacen predeterminadas o si la oscuridad se construye a lo largo del camino.

La respuesta, como suele ocurrir en la Cábala, no es dualismo.

Sabán reconoce que existen casos muy contados —«son contados porque en la gran mayoría se van haciendo»— en los que incluso desde la infancia se percibe algo relacionado con el mal. Pero inmediatamente aclara que esto tiene que ver con encarnaciones pasadas: si en vidas anteriores no se ha ido trabajando bien el proceso de rectificación, la siguiente encarnación puede heredar ese peso acumulado.

Yosef Vargas, que aporta al diálogo una perspectiva muy personal —criado en un entorno donde convivió de cerca con estas realidades—, introduce el concepto de predeterminación parcial: hay almas que tienen cierta inclinación más pronunciada hacia la energía de Guevurá, que no es mala en sí misma, pero que, mal encauzada, puede ser el terreno donde germina el mal.

Como explica Vargas: «No pudiéramos llamarlo que de ahí surge el mal… sino que tal vez pudiera haber un poco más de predeterminación. Predeterminación que viene enfocada, también puede ser muy buena, ¿no?, porque una predeterminación al más que es, como usted nos enseña, una energía mal enfocada».

La clave está en la crianza, en las circunstancias, en las decisiones acumuladas. Una predisposición no es un destino.

Guevurá, Jésed y el desequilibrio que genera oscuridad

La Sefirá de Guevurá —la fuerza, la severidad, el rigor— ocupa un lugar central en la discusión. No porque sea intrínsecamente oscura, sino porque su desequilibrio puede derivar en formas de mal muy específicas.

Sabán lo explica con precisión: hay personas que identifican la bondad con la misericordia ilimitada, cayendo en la klipá de Jésed, el desequilibrio del exceso compasivo. Pero también hay quienes utilizan la severidad de Guevurá como si fuera amor, justificando el daño que infligen en nombre de una supuesta enseñanza.

«Yo te voy a dar de comer para que aprendas, y el tipo está muerto de hambre», dice Sabán. «A veces hay una Guevurá que se utiliza en aras del amor y es peligrosa».

Nacho Newman apunta algo igualmente revelador: algunas personalidades oscuras no pueden rectificar precisamente por falta de Guevurá aplicada a sí mismas. Les falta la capacidad de ponerse límites, de ejercer disciplina interior. La misma energía que, bien dirigida, generaría rectificación, queda volcada hacia afuera, hacia el control y el daño del otro.

El tikún bloqueado: cuando la rectificación no puede ocurrir en esta vida

Aquí el diálogo entra en uno de sus momentos más densos y, también, más compasivos.

Sabán distingue claramente entre dos tipos de almas que conviven con el mal: las que no tienen conciencia de estar atrapadas en él, y las que sí la tienen pero no logran salir. Las primeras quedan totalmente identificadas con la oscuridad; las segundas sufren enormemente porque perciben el mal dentro de sí mismas como algo ajeno, como una fuerza que no es suya pero que no pueden controlar.

Como describe Sabán: «He visto muchos casos a lo largo de la vida de personas que hacen un esfuerzo terrible por ser buenas personas. Y de repente aparece un brote de fuerza oscura que dices: «¿Y esto de dónde vino?». Porque no me puedo relacionar. La persona luego se arrepiente porque no se siente identificada con esta fuerza oscura, hace todo lo posible para estar en la luz y otra vez otro brote».

Esta imagen es poderosa y a la vez desgarradora. No estamos hablando de monstruos sin alma. Estamos hablando de personas que cargan con algo que no pueden dominar, que cada vez que creen haberlo superado vuelve a emerger desde algún pliegue interior que escapa a su voluntad consciente.

En la terminología cabalística, se dice que estas almas tienen el tikún bloqueado en esta encarnación. No es que no puedan rectificar nunca: es que en esta vida concreta, la rectificación parece imposible. El trabajo deberá completarse en una vida posterior. Estos casos son muy contados y, con un gran esfuerzo, se puede buscar la grieta para la elevación de esa alma, pero somos honestos en mencionar que es sumamente complejo.

Quien quiera profundizar en cómo funciona este proceso de rectificación y los obstáculos que pueden frenarlo encontrará una exploración muy completa en el artículo sobre romper patrones: el camino del Tikún para la rectificación del alma, donde Sabán desarrolla los mecanismos por los que el alma queda atrapada en sus propios ciclos repetitivos.

Almas que quieren salir del mal, pero no pueden

Yosef Vargas introduce uno de los testimonios más impactantes del episodio cuando habla de personas que reconocen su propio mal, que desean genuinamente salir de él, pero que han quedado tan identificadas con ese patrón que ya se ha convertido en un hábito imposible de romper desde dentro.

«Llega a haber ciertas almas que no quieren estar en ese camino del mal, pero que ya están tan identificadas que ya, de alguna manera, se volvió un hábito. Que quieren salir pero no pueden salir y que mejor se terminan ellos mismos, extirpando del sistema», afirma Vargas.

Está hablando de suicidio. De personas que, ante la imposibilidad de resolver esa dualidad interior —la conciencia que no quiere el mal y la fuerza que lo perpetúa—, eligen extirparse de la ecuación.

Es un tema que merece ser tratado con toda la delicadeza que requiere. No hay aquí juicio moral, sino reconocimiento de una tragedia espiritual: la de un alma que se ve a sí misma atrapada sin salida visible en esta encarnación y que toma esa decisión extrema desde ese estado de desesperación.

Narcisismo, instituciones y el premio sistémico a la oscuridad

Uno de los giros más perturbadores de la conversación llega cuando Sabán conecta la psicología individual de las personalidades oscuras con las estructuras sociales que las sostienen y recompensan.

No toda persona con una personalidad oscura vive en el margen. Muchas de ellas —quizás las más peligrosas— viven perfectamente integradas en el sistema. Tienen trabajos de poder, familias aparentemente normales, una imagen pública impecable. Nacho Newman lo articula con claridad: «Hay personas que son aparentemente muy ordenadas, que tienen una vida aparentemente perfecta, y tienen unas personalidades extremadamente narcisistas que disfrutan con el sufrimiento de los demás».

Sabán va más allá: «Hay multinacionales, hay diversas organizaciones de tipo jerárquico donde este tipo de personalidades sádicas van subiendo de puestos y sirven. Y esas instituciones están contentas con tener este tipo de sujetos». La oscuridad, en otras palabras, es económicamente rentable para ciertos sistemas. Y eso la hace enormemente difícil de erradicar, porque no solo no es castigada: es premiada.

La referencia a Maquiavelo no es accidental. Desde el siglo XVI, existe una justificación intelectual del uso del poder sin ética, sin conciencia, sin remordimiento. Y esa justificación sigue viva en las estructuras que organizan el mundo contemporáneo.

Detección y autocuidado: cómo protegerse de la vampirización energética

¿Cómo detectar a tiempo este tipo de relaciones? ¿Cómo saber que estamos ante alguien cuya dinámica nos está consumiendo?

Vargas ofrece la clave cabalística: el autoconocimiento. «Hay que autoconocernos qué nos está vinculando con esa especie de almas. Cuando logramos conocernos, va a ser fácil cortar, de cierta manera, qué es lo que nos está conectando con ese mal».

La pregunta no es solo «¿quién es esa persona?», sino «¿qué parte de mí necesita algo que esa persona ofrece?». Porque, como señala Newman, muchas veces el vínculo con una personalidad oscura se sostiene en una especie de complejo mesiánico: la creencia de que podemos salvarla, de que nuestra presencia y nuestro amor serán suficientes para que haga su tikún.

Esa ilusión tiene un precio muy alto.

Sabán es explícito al respecto: «El alma que la acompaña puede aprender relativamente un tiempo, después se tiene que ir si no te arrastra». Son tipos de oscuridad que absorben, que vampirizan energéticamente. El mecanismo, como lo describe Vargas, tiene su raíz en una baja autoestima profunda: «Si no consigo reconocimiento a través del bien, lo voy a buscar a través del mal».

Y en los casos más extremos —los que llegan a quitarle la vida a otro—, Sabán añade una capa psicológica aún más sombría: «El asesino se siente Dios porque de alguna manera está decidiendo el fin del otro. Entonces es una baja autoestima terrible en un endiosamiento gigantesco».

Inteligencia sin conciencia: el mal ilustrado

Uno de los momentos más lúcidos del episodio surge cuando Vargas pregunta qué ocurre con aquellas personas que tienen conocimiento de las energías sutiles, de la mística, y aun así utilizan ese conocimiento para hacer daño.

La respuesta de Sabán es nítida: «Solamente lo que está haciendo es la Biná, llenarse de información y no tiene conciencia. Tienen inteligencia, pero no conciencia, porque sabiduría no tienen».

Esta distinción entre inteligencia y conciencia es uno de los grandes aportes de la Cábala a la psicología contemporánea. La inteligencia puede memorizar, calcular, manipular, seducir. La conciencia, en cambio, conecta con algo más profundo: con la responsabilidad hacia el otro, con la comprensión de que el daño infligido también daña al que lo inflige. Sin esa conexión, la inteligencia más sofisticada puede convertirse en la herramienta más peligrosa.

No es ignorancia lo que produce el mal ilustrado. Es la disociación entre el saber y el ser.

¿Qué hacer cuando convivimos con un alma oscura?

A lo largo del episodio, los tres ponentes coinciden en algo: el foco no debe estar únicamente en la persona con una personalidad oscura, sino en quienes la rodean.

Como dice Sabán: «Pienso que aquí hay dos factores que hay que analizar: este tipo de almas por un lado, pero los que están damnificados por este tipo de almas, ¿quiénes lo rodean? Si de repente te toca una madre, un padre de estas características, un hermano de estas características, un hijo de estas características».

La recomendación es clara: alejarse. No por crueldad, no por abandono espiritual del otro, sino por preservación propia. «Aprendemos y salirnos rápidamente porque si no también nos van consumiendo, nos van llevando en ese torbellino», resume Vargas.

El alejamiento no es derrota. Es, en muchos casos, la única forma de no convertirse en cómplice involuntario de un ciclo que no podemos romper desde afuera.

Conclusión: la oscuridad no se combate, se ilumina

Volvemos al principio. Las almas oscuras no son almas vacías. Son almas atrapadas. Y aunque la Cábala reconoce que algunas no podrán hacer su rectificación en esta vida —que necesitarán otras encarnaciones para completar ese proceso—, también es clara en algo esencial: la oscuridad no se combate, se ilumina.

Como afirma Sabán: «Lo oscuro es un desequilibrio de la luz. Si es oscuro lo equilibra, ya hay luz, con lo cual no hay que combatir la oscuridad, hay que canalizarla hacia la luz».

Esa canalización, ese trabajo de equilibrio interior, es precisamente de lo que trata la psicología cabalística. No se trata de suprimir la sombra, sino de comprenderla, de reconocer su origen y de redirigir esa energía hacia su expresión luminosa.

Si este artículo ha despertado en ti el deseo de entender más profundamente cómo funciona el alma desde la perspectiva de la mística hebrea respecto a la operatividad del mal — y cómo trabajarlo en la práctica—, el mejor lugar para comenzar es El mal: la función de las tinieblas con la profundidad y la accesibilidad que caracterizan las enseñanzas de Mario Sabán.

Porque comprender la oscuridad, también, es una forma de acercarse a la luz.

Si quieres escuchar a Mario Sabán, Nacho Newman y Yosef Vargas desarrollar estas ideas con toda la riqueza de su conversación original, te dejamos a continuación el vídeo en el que está basado este artículo:

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