Alimentación consciente para elevar nuestra consciencia, nuestro Daat

ESCRITO POR MERCEDES ESPESO [profesora de la Escuela de Cábala].


«Tampoco descuides tu salud,
ten moderación en el comer o el beber,
y en la ejercitación del cuerpo.
Por moderación entiendo lo que no te haga daño.»
Extracto de Los versos áureos de PITÁGORAS


Todas las escuelas de sabiduría más antigua te llevan al mismo principio: el ejercicio de la mente pasa por el ejercicio del cuerpo.

El alimento conforma lo que somos, nuestra vasija. Trabajarlo forma parte de un camino de disciplina que debemos ejercitar para no dejarnos dominar por el cuerpo y evitar que se convierta en nuestra cárcel en vez de nuestro soporte.

Discípulo, talmid (aprendiz) o tzadik (el justo), vienen a ser lo mismo: ser recto. Es la práctica de la justa medida entre el deseo y la satisfacción, entre lo correcto y lo incorrecto, entre el bien y el mal o entre el camino de la luz o el de la oscuridad.

La nutrición debe ir creciendo y evolucionando, tal y como ha ido haciendo el hombre.

No debemos olvidar los principios de sabiduría que nos vienen desde la tradición de nuestros ancestros. Estos rigen los fundamentos, las leyes que podrán ayudarnos a recordar el origen de nuestro camino y que nos pueden iluminar sobre nuestros desvíos.

Pero debemos empezar a prestar más atención a lo que pasa en nuestra actualidad, donde reina el sobrepeso o la obesidad: qué ha sucedido con nuestros hábitos, con nuestras costumbres y qué nos ha llevado a casi “adorar” depender de ciertos alimentos y, en general, de lo más material por encima de lo espiritual o lo álmico.

La alimentación, de la antigüedad a la actualidad

Antiguamente, comíamos para sobrevivir ante la posible escasez, pero esto ya no sirve. Parece que estemos a salvo, pero de alguna manera no nos sentimos así, y esto es por otros motivos.

El ansia de comer para salvaguardar la vida, o sea, comer todo lo posible cuando se cazaba por si luego no había más, alimentaba nuestro instinto de supervivencia, que todavía está ligado a nuestro cerebro reptiliano, al cazar, para satisfacer nuestro cuerpo y sus instintos primarios. La conservación de la especie pasaba por la autoconservación de uno mismo y su progenie por encima de la de otros.

Tras el descubrimiento del fuego, el primer gran cocinero y el hacedor de la luz y la consciencia, fuimos comenzando a poder recolectar, abarcar y guardar.

La agricultura llevó al abastecimiento, dejamos de huir y de seguir a los animales, pasamos de perseguirlos a domesticarlos, a criarlos, y el cerebro humano siguió creciendo, adaptándose a su hábitat. El pequeño rey humano empezaba a tener cierto dominio sobre algunas criaturas de su reino.

Todo tiene su función y, si ejercitas esa función, ejercitas aquello que utilizas, lo fortaleces.

Así fue como nuestro cerebro y su zona más emocional y empática (sistema límbico) siguió abriéndose paso, evolucionando, creciendo.

Se abrieron nuevos surcos hechos a partir de caminos de nuevas sinapsis, el Daat de nuestro cerebro fue ejercitando su función. Nuevas zonas fueron recorridas, “iluminadas” y expandidas, para aprender a convivir con los de nuestra propia especie. Empezamos a atesorar, pero también a aprender a compartir.

Gracias al fuego, dejamos de estar en contacto directo poco a poco con la naturaleza (la Shejiná) y acabamos cambiando nuestro entorno por 4 paredes y una lumbre, un hogar donde cocinar y una mesa donde traer nuestros alimentos, lejos de la inmensidad de la naturaleza o la casa donde reside Dios.

Empezamos a levantar cada vez más paredes, más casas, castillos y palacios. Era la era de la Bet del hombre, de sus dominios y el principio de su propio reinado. Nos convertimos en dueños y señores e hicimos esclavos y vasallos incluso a los de nuestra propia especie, apartándonos cada vez más de las leyes de la naturaleza, las leyes donde se observa la presencia de Dios o la Shejiná.

El sentido de la propiedad se fue acrecentando. Los animales dejaron de correr libres para que les cazaran quien tuviese hambre de más y las tierras comenzaron a cercarse bajo el yugo del poder, creyendo que aquello que teníamos era nuestro y olvidando sus orígenes.

Creamos las monedas y el simple papel pasó a valer más que el árbol, nuestros árboles. El oro empezó a ser perseguido, codiciado, y el hombre pasó a excederse con su temperamento bajo la fiebre del deseo.

El cerebro siguió evolucionando, teníamos que aprender a conectar con otros y con sus emociones, y cada vez éramos más y más siguiendo las leyes que regían nuestros instintos de supervivencia.

Cábala y nutrición: Del Génesis a nuestra mesa

Cábala y nutrición: Del Génesis a nuestra mesa

Este curso propone un recorrido comparativo entre Cábala y Nutrición. La opción de una alimentación consciente no solo es importante para nuestro cuerpo, sino también para elevar nuestra conciencia, nuestro Daat.

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Hoy por hoy ya la caza queda lejos, ya no salimos a correr ni a perseguir animales, a merecernos el trofeo de la caza, pero seguimos con ese instinto egoico y de caza, y seguimos persiguiendo cosas o incluso personas.

Nos cuesta trascender como humanidad ciertos hábitos heredados.

La sociedad, los malos hábitos y las costumbres están muy adheridos a nuestros antecesores, a nuestros genes. Y no solo a nuestros genes más cercanos, sino también a una realidad, todos estamos conectados en el mismo árbol, el Árbol de las Vidas, Etz ha Jaim.

Por desgracia, aún nos queda mucho por rectificar como humanidad y el tikún olam está lejos.

Vivimos en un reino donde hay sobrealimentación, pero también sigue existiendo hambre. Sigue pasando lo mismo: una parte de la humanidad sigue muriendo por la escasez y otra por el exceso y su egoísmo.

Seguimos en guerra, algunas más satánicas o grandes que otras, guerras por tener más, más territorios o “casitas”, y seguimos pasando hambre, hambre por tener menos, falta de abastecimiento por mal reparto de riquezas, egoísmo por encima de altruismo.

Olvidamos que toda la humanidad está vinculada por la misma Yud y que nuestras sombras, klipot, nos conectan a todos con nuestro miedo a no tener, a no ser, un cerebro reptiliano que aún no conocía el fuego, la consciencia y el dar o el compartir.

El estrés no es otro que la competitividad y la lucha por conseguir más de lo que necesitamos, por el «por si acaso» que muchas veces confundimos con el «me lo merezco».
Tener nos da felicidad, lo mismo que comer, que se ha convertido en su sinónimo, un sentimiento tras el cual ahora «corremos» y que todos deseamos alcanzar sin saber cómo.


Alcanzar un balance, un equilibrio energético a nivel de la humanidad, pasa por el camino del trabajo que tenemos que hacer como individuos.


«La era mesiánica necesita de todos»

Algunos cabalistas, como Alexandre Safran, opinan que la era mesiánica necesita de todos. Me permito hacer un juego de palabras sobre cierto dicho: «El hábito hace al monje». No veo mejor manera de hacerlo que trayendo el fuego y la consciencia a nuestro hogar y que alumbre a nuestros hábitos.

En la actualidad, nuestro cerebro ha aumentado su capacidad, el neocórtex ha empezado a ejercer su función, pero apenas somos capaces de utilizar todo aquello que se nos ha dado, aún tenemos muchas zonas de las cuales no somos conscientes.

Curiosamente, estas son las mismas zonas que se iluminan o se trabajan con la meditación, la reflexión, el altruismo, etc. Todas ellas son zonas a las que nos llevan las leyes que están en las sabidurías antiguas, cifradas a través de los textos de la Torá en la tradición hebrea.

Descubrir todo el potencial de nuestro cuerpo, todas aquellas capacidades que hemos ido ganando, pasa por poner consciencia en nuestro camino, pasa por estudiarlas para recordarlas y traerlas a nuestro día a día.

Estoy convencida de que ampliar todas estas capacidades tiene directamente que ver con la era mesiánica, pero para ello necesitamos preparar la vasija (kli), cuidarla y aprender a nutrirla correctamente.

Gematría, Meditación y Árbol de la Vida, métodos de la cábala aplicados a la nutrición

A través del curso de Cábala y nutrición vincularemos la sabiduría de la tradición mística hebrea con todo aquello que nos debe nutrir y alimentar.

Utilizaremos, por un lado, la gematría, indagando sobre sus significados ocultos, ya en el Génesis, todo lo que tiene que ver con la nutrición.

Por otro lado, utilizaremos el Árbol de la Vida para aprender a tener una actitud correcta y más equilibrada ante los alimentos que recibimos, pudiendo así trabajar sobre nuestros pensamientos, deseos y emociones o, lo que es lo mismo, sobre todo aquello que nos lleva a elegir lo que ponemos en nuestra mesa, que conforma nuestro vasija o reino.

Y para finalizar trabajaremos con la meditación cabalística, una herramienta muy especial cuya práctica sabemos que influye directamente sobre nuestro cerebro, relajando los estados de alerta y muchas otras emociones vinculadas a los excesos o dependencias.

«Que nuestro cuerpo sea nuestro sostén y su alimento nutra a nuestra alma».

©Mercedes Espeso


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Cábala y nutrición: Del Génesis a nuestra mesa

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Este curso propone un recorrido comparativo entre Cábala y Nutrición. La opción de una alimentación consciente no solo es importante para nuestro cuerpo, sino también para elevar nuestra conciencia, nuestro Daat.

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